Ganadorxs del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro"

 El viernes 1/12, en el acto de fin de curso se entregaron los premios del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro" de la ET N°7. Este año el concurso fue especial, ya que por primera vez implementamos la modalidad presencial con consigna. Lxs participantes tuvieron que optar entre tres comienzos diferentes con sus respectivos finales, y escribir un cuento con ellos. Tras la deliberación del jurado, integrado por lxs profesorxs María Florencia Branda, Daniel Rubinetti, María Cristina López, Karen Torres, María Cristina Nupieri y Alejandro Blas, fueron premiadas las siguientes obras:      En la categoría "Fueguitos" (estudiantes de 1° a 3° año), el primer premio fue para " La nota entre la hija y la madre " escrito por Estrella Rojas, de 3°4° TM. La mención especial fue para  "No todo es rutinario” , el relato de Noemí Roldán, de 1°3° TT.     En categoría "Fuegos" (estudiantes de 4° a 6° año), el primer premio se lo llevó " El adiós ...

"El sufrimiento de Daniel" por Jack Terry

 El sufrimiento de Daniel 

por Jack Terry 


EL RELOJ EN LA PARED. EL DEDO DE LA PRECEPTORA QUE, JUNTO A LA PUERTA, JUGABA CON UN MECHÓN DE PELO. UNA MINÚSCULA ARAÑA QUE TEJÍA CON LENTITUD SU TELA EN EL MARCO DE LA VENTANA. LA ESPERA ERA INTERMINABLE. SE PASÓ LAS MANOS POR EL ROSTRO PARA INTENTAR (SIN ÉXITO) DESPEJAR LOS NERVIOS. 

-PASÁ. LA DIRECTORA TE VA A RECIBIR AHORA- DIJO LA PRECEPTORA, Y ABRIÓ LA PUERTA. 

Daniel se levantó y se dirigió a la oficina de la directora; era la tercera vez en la semana que asistía y todas las veces por la misma razón. El joven Daniel, con tan solo 15 años en su corta vida, ya tenía problemas de ira. Casi siempre era llamado por la directora por haber gritado agresivamente a sus compañeros. La escuela por suerte era bastante comprensiva con Daniel porque después de todo, era una enfermedad mental. Sin embargo esta vez Daniel fue llevado dirección por haber empujado a un compañero haciendo que este se golpee la cabeza contra la pared, dejándolo completamente inconsciente. 

 El joven Daniel, al ver lo que había hecho, retrocedió unos pasos y se fue corriendo a los baños de la escuela, en busca de poder esconderse de los demás. En esos momentos Daniel estaba asustado, se abrazaba a sí mismo queriendo tranquilizarse, pero no lo lograba por las voces de los estudiantes y de una perceptora que le golpeaba la puerta.  Daniel ya no podía aguantar la situación; el miedo que tenía lo estaba matando y lo único que se le ocurrió en ese momento fue gritar con todas las fuerzas que tenía.  

La preceptora pudo abrir la puerta y ver a Daniel en ese estado solo se le ocurrió abrazarlo,  a pesar de que corría el riesgo de que el alumno reaccione mal.  Sin embargo, la idea de tranquilizarlo con el método de la preceptora funcionó, y logró llevarlo a la dirección sin problemas.

-Daniel, nosotros, a pesar de que no parezca, nos preocupamos por vos.  Sos uno de los mejores estudiantes, pero no podemos entender por qué reaccionás así con tus compañeros.  He hablado con cada uno de ellos y todos dicen que nunca te hicieron nada malo.  Daniel, quiero que me cuentes qué es lo que hace que te pongas así.-dijo la directora con algunas lágrimas en los  ojos.

Daniel estaba triste. Él sabía que todos sus compañeros estaban mintiendo. Todos lo molestaban, en especial ese grupo de compañeros el cual tenía su líder que era el chico al que empujó.  Daniel cada día tenía que aguantar sus burlas y juegos sucios, que todos los días se rían de él. Ellos querían llevar al límite las emociones de Daniel ya que les parecía gracioso ver como gritaba.  Aunque esta vez, no se esperaban que Daniel llegue a empujar a uno y que todo termine como terminó.

-Yo… yo realmente quiero que me crea, pero mis compañeros me quieren hacer la vida imposible. Me esconden las cosas, me pellizcan, se ríen, me amenazan. ¡No sé cómo quiere que reaccionen las personas!-dijo Daniel elevando su tono de voz.

La directora simplemente lo miró decepcionada y agarró el teléfono marcando un número.  Daniel se había dado cuenta de que a pesar que diga toda la verdad nunca le creerían: era él versus todos sus compañeros.

-Daniel, yo realmente esperaba que me digas otra cosa,  pero veo que no.  Tu curso es uno de los de mejores alumnos y de los más obedientes.  Mirá, me duele decir esto, pero ya no podemos aguantar estas conductas. Llamé a tu mamá para que te venga a buscar-  dijo la directora. Su cara era igual a la de Daniel: decepción.

Estaba lloviendo fuertemente Daniel se quedó en la entrada de la escuela con la preceptora, la cual no paraba de jugar con su pelo. Pero esta vez tenía una mano en el hombro de Daniel para tratar de darle a entender que le apoyaba. Estaban esperando a su mamá, la cual era una señora ocupada. Daniel sabía que ella no vendría. Por esto, por ser expulsado, porque nadie le creía, a Daniel se le empezaron a caer lágrimas en los ojos.  La preceptora se percató de esto y lo abrazó.  Daniel no paraba de llorar en un llanto silencioso, el cual expresaba todo el dolor que estaba sufriendo.

 -¡Daniel!-dijo una voz a lo lejos. Daniel al principio no la reconoció, pero cuando se dio vuelta para buscar a la persona de la que provenía esa voz, se dio cuenta de que era su mamá.  Entonces Daniel se despegó del abrazo de su preceptora y fue en búsqueda de su madre. 

CRUZÓ CORRIENDO LA CALLE BAJO LA LLUVIA Y ME ABRAZÓ.  


Comentarios

Entradas más populares de este blog

"Dolores Lavalle de Lavalle" por Anónimo

Ganadorxs del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro"

"Enzo y la estrella fugaz" categoría: Fueguitos