Ganadorxs del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro"

 El viernes 1/12, en el acto de fin de curso se entregaron los premios del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro" de la ET N°7. Este año el concurso fue especial, ya que por primera vez implementamos la modalidad presencial con consigna. Lxs participantes tuvieron que optar entre tres comienzos diferentes con sus respectivos finales, y escribir un cuento con ellos. Tras la deliberación del jurado, integrado por lxs profesorxs María Florencia Branda, Daniel Rubinetti, María Cristina López, Karen Torres, María Cristina Nupieri y Alejandro Blas, fueron premiadas las siguientes obras:      En la categoría "Fueguitos" (estudiantes de 1° a 3° año), el primer premio fue para " La nota entre la hija y la madre " escrito por Estrella Rojas, de 3°4° TM. La mención especial fue para  "No todo es rutinario” , el relato de Noemí Roldán, de 1°3° TT.     En categoría "Fuegos" (estudiantes de 4° a 6° año), el primer premio se lo llevó " El adiós ...

"El colectivo", por MIV

 El colectivo

por MIV


NADA EN ESA FRÍA MAÑANA DE JUNIO LE HABÍA HECHO SOSPECHAR QUE NO SERÍA UN DÍA COMÚN, TAN IGUAL A OTROS. Y SIN EMBARGO, APENAS SALIÓ A LA CALLE TUVO LA INCÓMODA SENSACIÓN DE QUE ALGO ANDABA TERRIBLEMENTE MAL. 


Caminaba a pasos lentos, examinando a sus alrededores a cada segundo a medida que el miedo y angustia comenzaban a inundarse en ella. Pasó a la siguiente vereda, volteando hacia atrás para observar que no era perseguida por un sospechoso, aunque eso no sucedió, por el momento…

Pasados unos 10 minutos, llega a la parada del colectivo con un alivio en su corazón que se ralentizaba poco a poco para volver su vista a la calle, esperando a que el autobús llegue lo más pronto posible. Miraba sus lados cada dos segundos hasta que… un destello a su lado izquierdo inunda sus ojos, generando que su cuerpo tenso comience a aflojarse lentamente, pensando que el colectivo llegó a su destino… O eso ella creía… 

Levanta su brazo al costado, dando la seña al chofer para que detenga el bus. Este se pone al costado de la vereda, ubicando la puerta principal al fuerte de la muchacha. Se abren con un sonido bastante tedioso, y ella subiéndose al autobús para levantar su mirada y quedar completamente helada de lo que tenía enfrente. Un hombre, cubierto todo su cuerpo hasta la mitad de su rostro, apuntaba a la chica con una pistola en su frente, mirándola con frialdad y malevolencia, indicándole que se ubicara en aquellos asientos viejos y rotos.

Ella no dirige ni una palabra por el miedo de ser matada por ese desconocido, siguiendo las órdenes de manera temblorosa mientras comenzaba a caminar lentamente hacia el centro del bus, contemplando con los ojos abiertos de horror y cristalizados al ver que hay 12 mujeres, contando dos niñas inocentes sentadas en los asientos con sus cuerpos temblando y con lágrimas caerse a cada segundo sobre sus mejillas.  La chica queda perpleja ahí parada, aunque no por mucho tiempo, ya que otros hombres encapuchados le gritaron exigentemente de que se siente de una vez, cosa que ella reaccionó con lágrimas cayendo lentamente sobre sus cachetes para sentarse rápidamente en uno de los asientos vacíos individuales.

Una vez que ya se sentó el colectivo volvió a moverse siguiendo su camino que ninguna de allí sabía hacia dónde las iban a llevar.  Todas se rozaban del miedo que emanaban en sus adentros, rezando a que nada les suceda y que alguien las salve de ese infierno tan impredecible del hecho de no saber qué es lo que van a hacer con ellas.

 Pasó una hora, casi nada en realidad, ya que se hacía eternidad a medida que el colectivo seguía recorriendo las calles heladas y poco iluminadas. La chica estaba con los ojos rojizos hinchados de haber llorado por esa hora que nunca pasaba. Los siete hombres nos observaban fijamente con cautela cada movimiento que hacíamos teniendo cero chances de poder utilizar nuestras pertenencias que nos podrían ayudar en este suceso inesperado.

Aunque de sorpresa, todas observamos unas luces led azuladas y rojizas que conducían del lado contrario teniendo esperanzas de que por lo menos se den cuenta a través de las ventanas poco polarizadas, dando un vistazo de reojo al ver que los hombres se pusieron tensos sintiendo una alegría inmensa.

El auto de policía pidió con una sirena ruidosa que el colectivo se detuviera, cosa que el chofer obedeció para que cada uno guarde sus armas sospechosas y actúen como si nada sucediera dentro del autobús. Los oficiales salen del auto para encaminarse hacia el transporte público, siendo que el chofer abrió las puertas para que los oficiales se adentren a este, a paso sigilosos.

Los oficiales observaban por todo alrededor con cautela haciendo preguntas al chofer a distancia mientras recorría por todo el colectivo. La felicidad inundaba en mis adentros,  teniendo esperanza de que se dieran cuenta del momento tenso… pero eso se fue desvaneciendo a ver que se volvían para salir de este y despedirse el chofer con amabilidad siendo que SÓLO UN DESTELLO Y DESPUÉS NADA .


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