"Amor dependiente", por Iannuknd
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Amor dependiente
por Iannuknd
EL RELOJ EN LA PARED. EL DEDO DE LA PRECEPTORA QUE, JUNTO A LA PUERTA, JUGABA CON UN MECHÓN DE PELO. UNA MINÚSCULA ARAÑA QUE TEJÍA CON LENTITUD SU TELA EN EL MARCO DE LA VENTANA. LA ESPERA ERA INTERMINABLE. SE PASÓ LAS MANOS POR EL ROSTRO PARA INTENTAR (SIN ÉXITO) DESPEJAR LOS NERVIOS.
-PASÁ. LA DIRECTORA TE VA A RECIBIR AHORA- DIJO LA PRECEPTORA, Y ABRIÓ LA PUERTA.
Juliana pasó nerviosa, tensa; con miedo a qué le dirán. Ella nunca había tenido este tipo de problemas. Al pasar ve a la directora que la miraba con una cara de preocupación. Juliana pasa, se sienta y lo primero que le dicen
-No llamen a mi madre, ella no sabe nada de todo esto.
La directora, sin poder creerlo todavía, la miró, y con una voz a punto de romperse le responde:
-¿Por qué?
Juliana ya no aguantó más. Todos los nervios, la tensión, todo hizo que quiebre, y en medio de las lágrimas le responde:
-Ya no quiero estar acá, estoy cansada de esta vida.
Una hora antes Juliana estaba en clases, sentada al fondo al lado de la ventana, hablando con sus amigas, fingiendo que todo estaba bien. A los minutos la llama su profesora y le dice que si podían ir afuera a charlar sobre un tema específico. Al salir la profesora le levanta la manga de La campera a Juliana esa campera que siempre traía a pesar de la temperatura elevada. Juliana no tuvo tiempo para reaccionar, se quedó quieta, sin nada para decir. La profesora, al ver que era cierto sobre las marcas en su brazo le pregunta:
-¿Por qué? ¿Por qué, Juliana? ¿Cuál fue el motivo?
Juliana estaba en blanco. No podía creer que la descubrieron. El miedo el miedo recorría su cuerpo, el miedo sobre qué pensará su madre. Era lo único que le importaba. Una hora después Juliana ya estaba sentada al frente de la directora. Ella veía como le gritaban, las muecas que hacía. Juliana seguía en blanco. En un momento explotó y le respondió al último grito de su directora:
-¡Basta! ¿Querés saber por qué me corté? ¡Porque lo extraño extraño todo de él, desde sus abrazos hasta los momentos de padre e hija!
A la profesora se le fue el enojo, entendió todo. Una vez calmada le preguntó a Juliana:
-¿Qué pasó con tu padre?
Juliana, en lágrimas, le respondió:
-Se fue, hace mucho que se fue a la mierda. Se fue con su nueva familia. ¿Y sabes qué? Me parece bien, seguramente ya no me soportó más, no soportó mis caprichos o mis cambios de humor. Me echo la culpa de todo esto, de toda esta mierda. Pero me duele, me duele no verlo en las noches, cuando comíamos todos juntos, como una familia. Me duele que me haya mentido ese día:
La directora, partida de dolor, con los ojos todos llorosos, agarró fuerza y le preguntó a Juliana:
-¿Qué pasó ese día?
Juliana respiró profundo, se secó las lágrimas y le contó.
-Fue un miércoles, hace un mes más o menos. Yo estaba devastada porque había fallecido mi abuelo. Me fui de mi casa, agarré mis auriculares, puse música y fui a caminar. Estaba lindo el día, lluvioso, el cielo gris. La lluvia hacía que no se noten mis lágrimas. Pasaron las horas y ya tenía varias llamadas perdidas de mi padre, así que decidí volver. Me faltaban dos cuadras para llegar y lo vi cómo venía hacia mí con una cara de enojo y preocupación, pero feliz de volverme a ver, de saber que estaba bien. Llegó a mí y me dijo: “Nunca me dejes, hija de mi corazón”. ¿Qué irónico, no? Pero bueno, me muero por dentro y más cuando me acuerdo de esa escena, cuando CRUZÓ CORRIENDO LA CALLE BAJO LA LLUVIA Y ME ABRAZÓ.
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