Ganadorxs del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro"

 El viernes 1/12, en el acto de fin de curso se entregaron los premios del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro" de la ET N°7. Este año el concurso fue especial, ya que por primera vez implementamos la modalidad presencial con consigna. Lxs participantes tuvieron que optar entre tres comienzos diferentes con sus respectivos finales, y escribir un cuento con ellos. Tras la deliberación del jurado, integrado por lxs profesorxs María Florencia Branda, Daniel Rubinetti, María Cristina López, Karen Torres, María Cristina Nupieri y Alejandro Blas, fueron premiadas las siguientes obras:      En la categoría "Fueguitos" (estudiantes de 1° a 3° año), el primer premio fue para " La nota entre la hija y la madre " escrito por Estrella Rojas, de 3°4° TM. La mención especial fue para  "No todo es rutinario” , el relato de Noemí Roldán, de 1°3° TT.     En categoría "Fuegos" (estudiantes de 4° a 6° año), el primer premio se lo llevó " El adiós ...

"La nota entre la hija y su madre", por Belu

 La nota entre la hija y su madre 

por Belu


EL RELOJ EN LA PARED. EL DEDO DE LA PRECEPTORA QUE, JUNTO A LA PUERTA, JUGABA CON UN MECHÓN DE PELO. UNA MINÚSCULA ARAÑA QUE TEJÍA CON LENTITUD SU TELA EN EL MARCO DE LA VENTANA. LA ESPERA ERA INTERMINABLE. SE PASÓ LAS MANOS POR EL ROSTRO PARA INTENTAR (SIN ÉXITO) DESPEJAR LOS NERVIOS. 

-PASÁ. LA DIRECTORA TE VA A RECIBIR AHORA- DIJO LA PRECEPTORA, Y ABRIÓ LA PUERTA. 

Ahí estaba ella sentada en su silla con una cara de preocupación igual que la mía.

- Sentate-  dijo la directora.

-¿Saben algo de ella?-  fui directo a la pregunta no quería rode

-Todavía nada. La última vez la vimos saliendo corriendo de la escuela. Sus amigos tampoco saben porque ella… Bueno, no era muy sociable.

-¿Tenía algún examen?

 -Déjame, me fijo-  dijo  la directora con cara de confusión.

La noche anterior Aurora estaba muy estresada. Tomó mucho café y tenía las ojeras ocultas con maquillaje ¿Que cómo lo sabía? Porque ella no lo sabía usar.

-¿Estás bien?- le pregunté amablemente.

 -Tengo que estudiar, estoy ocupada.

-Es tarde… me voy a hacer un café y te acompaño.

 -No. Quiero estudiar sola -  me respondió mi hija Aurora con ese tono sin malas intenciones.

Me fui a dormir, pero antes le pedí cerrar todo para que no entre el perro y se coma la comida al gato.

 -¿Sofía? ¿Estás bien? ¿Necesitás agua?- Me había puesto en completo silencio enfrente de la directora.

 -Perdón, estaba  recordando.

 -Tranquila Sofi, ya va a aparecer.

 La directora me tomó de la mano y asintió con su cabeza, esperando que me calme.

 -Ya estoy mejor.

-Bien. Me preguntaste si tenía algún examen, y es correcto: examen de Educación Ciudadana.

Volví a quedarme en silencio para recordar. Las puertas estaban abiertas, el perro se comió la comida del gato. Me levanté y vi la hora: 6:45 teníamos que ir al cole en 10 minutos. Entré a la sala y la vi mi hija durmiendo durmiendo arriba de unos papeles; uno decía “Derechos Humanos”.

 -¡Hija!- le grité para que se despertara, pero sin malas intenciones.

  Aurora se despertó, tenía una cara pálida.

 -¡El examen! ¡La hora!

 Sin que yo me dé cuenta, ella ya estaba alistando sus cosas.

- Hija, cálmate por favor; vas a aprobar, tranquila. 

-Ma -me miró fijamente - No estudié mucho, tengo miedo, pero debo ir igual por la falta.

 Salió de la casa sin que yo pudiera decirle un “Buena suerte, hija” o un “Cuídate, ¿sí?”.

Como madre sentía su estrés, su preocupación. Sabía que ella era muy sobreexigente y que no era la primera vez que se quedaba hasta tarde para estudiar.

-Directora, vino la profe de Ciudadana.

 -Que pase.

-Buenas tardes. Soy la profesora de Ciudadana de Aurora. Me enteré del caso hace unas horas y creo que sé por qué se escapó.

 -Por favor, dilo ahora…  Estoy con la angustia desde que se fue.

-Pienso que porque no haya aprobado el examen, ella se pudo haber sentido mal y que capaz usted la regañe.

-¿Yo? ¿Regañarla? ¡Soy incapaz de hacerle eso! Mi hija ha recibido mi apoyo siempre, ella siempre se exige para conseguir un 10 y yo le digo que con seis basta.  Siempre  quiso demostrar ser la mejor, y demostrarme a mí que ella sí era inteligente, pero eso yo ya lo sé.   Estoy muy orgullosa por mi hija con todo lo que hizo, sería incapaz de retarle por no haber aprobado una materia.

 Todo lo que sentía se derrumbó en lágrimas, ya no soportaba la tristeza de no estar con mi hija…

 -Gracias…me… tengo que ir.

La lluvia se había avecinado. Salí del colegio y parecía que mi próximo destino era ir a la comisaría. Pasé por el mismo camino que ella tomaba, recordando cuando me explicaba lo que ella estaba aprendiendo.

-¿Mamá? ¡Mamá!

  Sentía recordar sus palabras, su voz. ¿Dónde se había ido?

-¡Mami!

 Crucé la calle y justo se puso en verde, ya no había forma de ir atrás.

 -¡Mamá, por favor escuchame! Ya no avances más, no aguanto…

Esa voz esa voz de Aurora.

Esa voz de mi hija.

Esa voz de esa chica que siempre, siempre se exige demasiado. 

Me dio una última esperanza de voltear, de saber si no era mi imaginación jugando mi contra. 

Volteé y ahí la vi. Mi pequeña inteligente, mi sabelotodo, la chica que desapareció por una nota. Toda empapada, pálida, con el pelo despeinado. Con el alivio en su cara de encontrarme a mí, su madre, que siempre estuve con ella, que la apoyé, la cuidé, y lo más importante, que siempre la quise tal y como es, sin importar sus notas, pero siempre enorgullecida de sus logros.

 -¿Hija? 

El semáforo se puso en rojo.

CRUZÓ CORRIENDO LA CALLE BAJO LA LLUVIA Y ME ABRAZÓ.  


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