"Aprender a soltar", por Grayly
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Aprender a soltar
por Grayly
NADA EN ESA FRÍA MAÑANA DE JUNIO LE HABÍA HECHO SOSPECHAR QUE NO SERÍA UN DÍA COMÚN, TAN IGUAL A OTROS. Y SIN EMBARGO, APENAS SALIÓ A LA CALLE TUVO LA INCÓMODA SENSACIÓN DE QUE ALGO ANDABA TERRIBLEMENTE MAL.
Recordó que esa tarde ocurriría el suceso tan esperado por él durante los últimos tres años. Sus ansias por ese día no superaban el terror inminente que sentía en ese momento. Decidió no esperar más y prosiguió su camino hacia el colegio.
Al llegar, las puertas se encontraban todavía cerradas. Jamás había llegado tan temprano, a excepción de su primer día. Su rostro reflejaban cierta angustia, la incertidumbre de lo que pasaría después de ese día no podía parar de aterrarlo. Sintió un tacto en su hombro y no pudo evitar sobresaltarse.
-¡Ah!- exclamó sorprendido Henry. Al voltear se dio cuenta de que era su amigo, James.
-James, la próxima vez, avisame.
–¡Te llamé tres veces y no respondías! - respondió James. Henry se dio cuenta de que era muy probable que estar perdido en sus pensamientos no le haya permitido escuchar la voz de su amigo llamándolo.
-Lo siento- Se disculpó Henry en un tono desanimado.
-....- James se quedó unos segundos observándolo en silencio. Se notaba que su amigo se encontraba tenso.
-Ey, no te disculpes así de fácil, aburres.
Decidió tratar de animarlo hablándole como siempre, él sabía bien la causa del estado de su amigo. Pero su técnica no pareció funcionar ya que Henry se encontraba igual de intranquilo. Por suerte, el colegio abrió sus puertas, rompiendo el incómodo silencio que los mantenía inmóviles.
-¡Vamos!- dijo Henry, dirigiéndose a la entrada.
El camino hacia su curso fue sumamente silencioso. Ninguno de los dos decidía a hablar. Tomaron asiento en sus respectivos lugares, y sencillamente esperaron a que la jornada escolar comenzara.
…
La jornada escolar transcurrió como normalmente lo hacía, pero no se podía decir lo mismo de Henry. Sus amigos y compañeros lo notaban, pero bien sabían que eran incapaces de hacer nada, al menos hasta la hora de salida. Lo mejor que podían hacer en ese momento era actuar como normalmente lo hacían. Como de costumbre, lograron sacar una gran cantidad de sonrisas de Henry, pero todas eran seguidas de una gran tristeza reflejada en su rostro, con algunas lágrimas que se negaban a salir de sus ojos, por dignidad o por necesidad de no preocupar más a sus compañeros.
….
Finalmente, la jornada escolar había terminado y los compañeros de Henry estaban preparándose para realizar lo acordado a la hora de la salida.
-Falta el agua fría- mencionó una de las compañeras del curso de Henry
-La tengo yo- respondió James.- ¿Están listos?
-¡Sí!- respondieron al unísono.
El timbre sonó y James retuvo a Henry un momento en el salón mientras los otros salían.
-James, me tengo que ir. Tengo que hacer las maletas.
-Lo sé, esperame un momentito más, ¡así vamos juntos! Quiero acompañarte en tu primer día- mencionó James con los ojos llorosos.
-...Estoy bien.- Esperó pacientemente. James revisó su celular, posteriormente, tomó la mano de Henry y lo llevó hacia afuera.
Al llegar a la salida, sin que Henry se lo esperara, le empezaron a llover harina, huevos, y agua fría lanzados por sus compañeros, incluido James. La respuesta de Henry fue reírse ante la broma, era algo que se hacía habitualmente en las despedidas de egresados, pero él no tendría la oportunidad de verlo debido a la mudanza por su beca ganada en EEUU.
-¿Creíste que podrías liberarte?¡Todos llegamos hasta aquí! ¡Todos tendremos el pelo duro de harina!-dijo James cuando terminó de rociarle agua a Henry.
Henry, al escucharlo, no pudo contener las lágrimas. Su futuro era incierto, se separaría de todo lo que ya conocía, solo. Era su sueño, pero su realidad actual también era un sueño para él. Sus amigos, sus profesores, sus familiares. Si pudiera estar con ellos mientras cumplía su sueño sería su realidad soñada, pero eso no se podía. Era hora de soltar. pero no podía irse antes de decir lo que sentía.
-¡Gracias!- dijo entre lágrimas.
Y ese momento pasó así…
SOLO UN DESTELLO, Y DESPUÉS, NADA.
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