"Elemental", por Erwin Schrodingër
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“Elemental”
por Erwin Schrodingër
Londres, 1918. Una noche de lunes tormentosa. Un oficial fuera de servicio de Scotland Yard entra a un bar. Era un lugar oscuro y misterioso. La clientela estaba formada en su totalidad por hombres, y parecía que todos tenían algo que ocultar. Un olor a tabaco y alcohol inundaba el local. Había una tensión palpable en el aire, capaz de inducir ansiedad. No era un buen ambiente, pero al oficial esto parece no importarle.
-Whisky en las rocas, por favor. -dijo el oficial al barman, mientras tomaba asiento en un taburete de la barra.
En tan solo medio minuto la bebida ya se encontraba en sus manos. Antes de darle el primer sorbo, la agitó como si de un vino se tratase. En ella podía ver el reflejo de su cara melancólica, difuso por los cubos de hielo.
-Lamento su pérdida, oficial.
El oficial no se había percatado de su presencia, pero al parecer el hombre a su lado se estaba intentado comunicar con él. Volteó a verle, pero él siguió mirando al frente. Era un sujeto viejo, entre sesenta y setenta años. Al igual que él, el hombre tomaba un whisky. El comentario de este desconocido le confundió en gran manera, y no pudo evitar hacerle una pregunta.
- ¿Cómo supo usted?
El hombre sonrió por un segundo dada la sorpresa del oficial, como si disfrutase de despertar dudas en la gente. Se volteó, le miró y procedió a contestar.
-Pude ver el bulto de su pistola en su cintura al entrar. Me percaté, también, de su placa debajo de su saco. Usted es joven, diría que entre veinte y treinta años. Usted es nuevo en la profesión. Asumí que su cargo era de oficial por ese mismo motivo. Parece que estaba en lo cierto.
-Es usted muy observador; no obstante, se imaginará usted que no me refería a eso cuando le hice la pregunta.
El hombre soltó una pequeña risa, casi inaudible. Le dio un sorbo a su bebida, y procedió a responderle.
-Eso es más sencillo de explicar. Sólo basta con ver la marca en su dedo anular izquierdo. Su mano está bronceada, pero tiene una línea sin broncear en dicho dedo. Usted tenía un anillo, pero se lo ha sacado recientemente. Ya sea que se haya divorciado, o su amada haya muerto; usted ha perdido a alguien que le importa. -Le dio otro sorbo a su whisky, y antes de que el oficial pudiese contestar, añadió: - ¿Es eso lo que le trae a un bar un lunes?
-Usted no tiene decoro alguno, ¿verdad? -contestó el oficial, con cierta indignación-
-Disculpe usted, es una mala costumbre que tengo, sobre todo cuando estoy intoxicado.
El oficial por fin le da un sorbo a su trago, y le responde al hombre.
-Está bien, no se preocupe. Mi esposa falleció hace una semana. Tenía metástasis pulmonar. Siempre le dije que fumar era malo. Es algo que me afecta en gran manera. Beber me ayuda a evadirme y escapar de esta dolorosa realidad.
-Le comprendo. –contestó el hombre- Yo también perdí a un amigo. Él era una persona muy especial para mí. Ese es el motivo por el cual vengo a este vertedero lleno de borrachos y peste a cigarrillo todos los días. Seguramente mi compañero se sentiría honrado viéndome aquí, alcoholizado. Él tenía sus propias adicciones a numerosas sustancias.
-Oh, ya veo. Lamento su pérdida. No creo que su amigo le juzgue.
El hombre asintió, dándole la razón, y bebió de su whisky. Un silencio incómodo se hace presente. Finalmente, el oficial decide hacer una pregunta después darle un trago a su bebida.
-Dígame, ¿qué más puede deducir de mí?
Después de voltearse para verle un segundo, respondió.
-Bueno, juzgando por su pelo seco pese a la tormenta que hay afuera, así como la ausencia de un paraguas, no es loco asumir que usted llegó aquí con un vehículo, quizá un taxi o su patrulla. Sus dientes impolutos me indican que usted no fuma, aunque eso me lo confirmó con lo que dijo hace unos momentos de su esposa. Parece ser que tiene un perro pequeño dados los pelos de perro que tiene en las pantorrillas. Usted no se afeita hace al menos tres días, y sus ojeras indican que no está durmiendo bien, quizá por la intensidad de su trabajo.
-Impresionante. ¿Usted también trabaja en Scotland Yard?
La débil sonrisa del hombre, quien estaba disfrutando de demostrar sus habilidades, se borró al oír esa pregunta.
-Podría decirse que les he asistido en el pasado. Fue mi amigo quien me metió en ese mundo. Después de que falleció, decidí volver a la medicina, mi anterior carrera.
Intrigado, el oficial se toma un momento para pensar si es buena idea seguir con el tema, pero no puede evitar preguntarle.
-Y dígame, ¿Cómo era su amigo?
-Oh, ¿Él? -El hombre juega con su whisky, diluido por los hielos, ya inexistentes -Él era impresionante, una persona sin igual. Por lejos, el mejor detective que he conocido. Junto con él resolvimos numerosos casos. Nuestro trabajo fue indispensable para Scotland Yard, pero después de que mi compañero muriese en manos de un criminal, dejé la profesión. Soy incapaz de seguir ejerciéndola.
-Vaya, parece ser que su amigo fue muy importante para usted. ¿Qué le parecería un brindis por los que ya no están?
El oficial alzó su vaso, esperando una respuesta recíproca del hombre. Éste, después de voltearse a verle, levantó el suyo y lo hizo colisionar con el del oficial. El choque produjo un débil ruido, opacado por el incesante murmullo de la clientela del bar. Ambos toman de su bebida.
-Dígame, oficial, ¿le gustaría oír algunas de las historias que tengo con mi compañero?
-Por supuesto. -dijo el oficial, y añadió -Me he percatado que no le he preguntado su nombre aún.
- ¿Mi nombre? Me llamo John Watson. ¿Y usted?
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