"El taxidióte", por KJB
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“El taxidióte”
por KJB
Hace milenios existieron seres que hoy en día se le llamarían fantásticos, esos en los que crees cuando eres un niño pero al crecer te das cuenta que es todo un mundo imaginario con criaturas mágicas que no existen; Elfos, brujos, licántropos, etc.
Todos alaban a un mismo Dios: Óla Ischyrá. Esta religión consideraba que todos debían ser vistos como iguales, todos excepto los Taxidiótes, seres que podían cambiar su cuerpo a voluntad en cualquier animal, estos no creían en ningún Dios y no tenían más regla que cuidar el planeta, eran pacíficos y mayormente solitarios.
Bellator, primogénito del rey de los Elfos, se encontraba caminando por el bosque, amaba sentir el viento golpeando su cabello blanco como su piel. El elfo paseaba de manera tranquila, a un paso casi demasiado lento, tarareando alguna melodía que había escuchado de las hadas. Pero su estado de calma terminó cuando escuchó algo moverse entre las malezas, inmediatamente desenfundo su espada y se puso en estado de alerta, hasta que vio a un pequeño zorro lastimado salir de entre las hojas y volvió a guardar su espada para acercarse al animal.
-Hola amiguito –Susurro acariciándole la cabeza. -¿Qué te sucedió? –Pregunto esta vez, mirando su lomo y hocico ensangrentados.
Vio como el zorro intentaba apartarse de él, pero estaba débil y no podía ni si quiera levantar una pata o mover su cabeza para apartarlo. Frunció el ceño, los animales solían sentirse seguros al tacto de un elfo pero parecía que este no… Un pensamiento fugaz cruzó su mente y al instante dejó de acariciar la cabeza del animal, quien pareció soltar un suspiro de alivio.
-Vuelve a tu forma original –Dijo Bellator, y el animal lo obedeció, transformándose en un hombre de cabello enrulado y oscuro, piel morena y ojos verdes, sus gruesos labios estaban ensangrentados y cortados, al igual que su abdomen. -¿Cómo llegaste a la tierra de los elfos?
-En bolsa –Respondió con voz ronca antes de aclararse levemente la garganta. –Me golpearon y me metieron a una bolsa
A Bellator tal acto le pareció horrible, maltratar a un hombre por su especie y sus creencias era algo que él intentaría eliminar cuando se convirtiera en rey.
-¿Qué puedo hacer para ayudarte? –Consultó el príncipe con voz suave, casi en un susurro.
El taxidióte negó levemente haciendo que el elfo ladeara la cabeza.
-Algo debe haber –Murmuró acariciando el cabello del chico, se sintió suave bajo las yemas de sus dedos. -¿Cómo te llamas?
-Eléfth –Respondió. -¿Tu? –Pregunto de regreso, el elfo alzó ambas cejas, sorprendido de que él no supiera su nombre.
Pero antes de que pueda responder, escuchó los ruidos de la herradura de los caballos golpeando la tierra, y Eléfth volvió a ser un animal, esta vez una pequeña ave que se escondió bajo el largo cabello de Bellator, quien vio a los caballos con sus respectivos jinetes, eran brujos. Sus trajes de cuerpo entero hechos con cuero brillaban bajo la luz del sol.
-Bellator –Espetó uno de ellos, llevaba una runa extraña en su frente, el elfo supuso que era de protección. –Sabemos que tienes al taxidióte, regrésalo y no te haremos daño.
-Están en mis tierras y en mis tierras se hace lo que yo digo –Comunicó el príncipe antes de darles una sonrisa irónica. –Y yo digo que se retiren si no quieren morir.
Los brujos enarcaron una ceja antes de sacar cada uno su vara de piedra, repletas de runas escritas con oro y apuntar a Bellator, acción que hizo que el ave saliera del cabello del elfo y, sin darle tiempo a nadie a hacer nada, se transformó en humano y levantó sus manos.
-Llévenme –Susurró. –El elfo no hizo nada.
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