Ganadorxs del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro"

 El viernes 1/12, en el acto de fin de curso se entregaron los premios del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro" de la ET N°7. Este año el concurso fue especial, ya que por primera vez implementamos la modalidad presencial con consigna. Lxs participantes tuvieron que optar entre tres comienzos diferentes con sus respectivos finales, y escribir un cuento con ellos. Tras la deliberación del jurado, integrado por lxs profesorxs María Florencia Branda, Daniel Rubinetti, María Cristina López, Karen Torres, María Cristina Nupieri y Alejandro Blas, fueron premiadas las siguientes obras:      En la categoría "Fueguitos" (estudiantes de 1° a 3° año), el primer premio fue para " La nota entre la hija y la madre " escrito por Estrella Rojas, de 3°4° TM. La mención especial fue para  "No todo es rutinario” , el relato de Noemí Roldán, de 1°3° TT.     En categoría "Fuegos" (estudiantes de 4° a 6° año), el primer premio se lo llevó " El adiós ...

"Sol" por Chica Noventosa

 “Sol”

por Chica Noventosa


    Cuando Marina camina por el pasillo del colegio se siente morir. En esos momentos le gustaría poder tener la capa de invisibilidad de Harry Potter. ¿Cómo puede ser que todas las miradas se claven en ella? Hoy intentó ponerse el pantalón más suelto que encontró, y le sacó la remera a su hermano sin que se diera cuenta. Marina no quiere que nadie mire su cuerpo. Siente que es desagradable, su sobrepeso es una prisión de la que no puede escapar. Casi no come, cuenta cada cosa que lleva a su boca y los almuerzos y las cenas familiares son un fastidio.

    Entra al aula y se sienta en el fondo. Desde allí la ve a ella. Sol es perfecta (o eso piensa Marina), su pelo es sedoso, su piel radiante. Tiene un cuerpo envidiable, todos la quieren, tiene millones de amigos, participa en todas las actividades…. AAAAAAHHHH. Marina no quiere pensar más en eso, la abruma. ¿Por qué no puede ser como ella? 

     Llega el recreo y se sientan en círculo a chusmear y pasar el rato. Marina le pide la tarea de Cívica a Natalia. Natalia le gusta, y mucho, pero ella no se anima a decirle nada. ¿Quién le va a dar bola? Sol hace un chiste y Natalia se ríe interesada. Marina se hunde y cree que el piso la va a tragar.

      Esa noche su mamá está más pesada que de costumbre: “Hija tenés que comer, esto no puede seguir así, por favor”. Ella solo piensa en Naty, y su risa, y se castiga. Se va a dormir sin comer. 

     Los días pasan, las horas pasan, pasan los almuerzos, las cenas, y Marina los esquiva, con una destreza que le produce orgullo. 

       Ese día en Física tocaba voley. Marina se siente pesada y avergonzada, no quiere jugar y -no entiende por qué- ve en la mirada de la profe una duda al indicarle su sitio. Decidida a continuar asume su posición, la pelota vuela desde el campo contrario, se alista para recibirla y…OSCURIDAD. 

      Marina se despierta para ver la cara de su mamá, la preocupación le tuerce el gesto.

       -¿Qué pasó?- pregunta Marina.

       -Pasó que tu cuerpo no dio más, ya no hay más hija. Tenemos que ocuparnos de esto.- explicó su mamá.

     “¿Cómo puede ser?” se pregunta Marina, le dicen que pesa 40 kilos pero ella siente que pesa mil. ¿Como no ven lo que ella ve?

      Vuelven a pasar los días, las semanas. Una recuperación lenta, pero está lista para empezar los encuentros grupales. Entra a la habitación. Esto parece una película yanki piensa. Todos en ronda y un adulto que le hace señas: que se siente, que todos estamos para hablar de lo que nos pasa. Marina se sienta, suspira, levanta la mirada y allí, en la silla de enfrente...SOL.


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