"Los tacos rojos" de Sally Ann Howes
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“Los tacos rojos”
por Sally Ann Howes
Mis tacos rojos resonaban contra el pavimento, la noche estaba fría y nublada, el viento gélido me penetraba la piel, las únicas luces que alumbraban mi camino eran los faros que titilaban constantemente
Un trueno retumbó en mis oídos. -Este día no puede empeorar- suspiré, justo antes de que la lluvia comenzara a caer sobre mi cuerpo. Aún me faltaban algunas cuadras cuando comencé a sentir pasos en la calle mojada, como si mis propias pisadas se duplicarán detrás de mí, intentaba ignorarlo, pero no podía parar de darle vueltas.
Solté un suspiro de cansancio mientras colocaba la llave en la puerta y la giraba. Un chirrido me acompañó al abrir la puerta y al cerrarla tras de mí, encendí la estufa y quité mis zapatos, sintiendo la fría humedad del piso bajo mis pies.
Mi cuerpo tiritaba de frío mientras me quitaba la ropa mojada pegada a mi cuerpo. Un ruido sonó en la cocina, pero lo ignoré, ya que vivía sola. Puse música en mi Smart, y cantando me dirigí hacia la ducha, coloqué la toalla en el toallero y entré, dejando que el calor de las gotas me quitara todo el estrés que había pasado por estos días. No podía creer que aún no pudiese separarme de mi esposo, quien no solo nunca demostró cariño hacia mí, sino que me dejó claro de más de una manera que nunca fui nada para él.
Salí de la ducha con la toalla envuelta alrededor de mi cuerpo, y caminé lentamente hacia mi cuarto, pero algo me detuvo: mi aún esposo estaba parado frente a mí con una sonrisa de esas que hacen poner tu piel de gallina. Petrificada, lo miré: sus ojos verdes, esos que algún día me miraron con amor, me miraban con frialdad, su pelo color azabache estaba bien peinado y los músculos seguían en cada parte de su cuerpo, pero él ya no causaba el mismo sentimiento que tenía hace tan solo unos meses, ahora solo me causaba repulsión. Finalmente, mis ojos llegaron hasta su mano izquierda y sentí que mi corazón se paralizó, su mano izquierda sostenía un hacha tan brillante como siempre - ¿Me extrañaste? - fue lo que escuché, antes de sentir el frío metal del hacha en la parte izquierda de mi cabeza, caí palmada al suelo. Pude sentir la sangre caliente recorrer desde mi cabeza hacia el cuello la cabeza me latía de manera insoportable Lentamente fui perdiendo la noción, hasta caer en un profundo sueño justo bajo sus pies.
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