Ganadorxs del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro"

 El viernes 1/12, en el acto de fin de curso se entregaron los premios del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro" de la ET N°7. Este año el concurso fue especial, ya que por primera vez implementamos la modalidad presencial con consigna. Lxs participantes tuvieron que optar entre tres comienzos diferentes con sus respectivos finales, y escribir un cuento con ellos. Tras la deliberación del jurado, integrado por lxs profesorxs María Florencia Branda, Daniel Rubinetti, María Cristina López, Karen Torres, María Cristina Nupieri y Alejandro Blas, fueron premiadas las siguientes obras:      En la categoría "Fueguitos" (estudiantes de 1° a 3° año), el primer premio fue para " La nota entre la hija y la madre " escrito por Estrella Rojas, de 3°4° TM. La mención especial fue para  "No todo es rutinario” , el relato de Noemí Roldán, de 1°3° TT.     En categoría "Fuegos" (estudiantes de 4° a 6° año), el primer premio se lo llevó " El adiós ...

"La felicidad a través de un hueco", por J.R. Estrella

 “La felicidad a través de un hueco”

por J.R.Estrella


     En este mundo existen los ángeles, demonios y humanos. Los humanos odiamos a los demonios y vemos a los ángeles como héroes que nos salvan de ellos. Comenzamos a odiar a los demonios porque cuando las tres naciones se unieron sin más guerra, los demonios mataron al líder humano y casi al de los ángeles. Los humanos salvamos al líder ángel y ellos hoy en día nos protegen a nosotros los humanos. 

    Sí, como piensan, yo era un humano; pero pasó algo que me cambió de humano a un experimento. Yo era un niño común y normal como todos los demás, tenía 7 años cuando llegó ese día que me cambió la vida en una mierda. Yo tenía a mi madre y padre, ese día yo venía del cole a la casa, pero a mí y a mi mejor amigo nos raptaron. No sabíamos qué, pero cuando ya paró de movernos nos descapucharon y estábamos en una celda con más niños. Eran unos 20 niños: todos se veían asustados y había de todas edades de 4 a 8 o 7 años.  Tenía miedo y le pregunté a los más mayores dónde estábamos; uno me dijo “Este es un campo de experimentos, si quieres saber dónde estamos mira por ese hueco”. Me fijé. Estábamos en los cielos, donde los ángeles vivían. 

    Después de un rato viendo el hueco ví a un niño ángel. Él me dio un dulce y nos hicimos amigos. Cada dia que estaba ahí le contaba una historia a cambio de sus caramelos que él me dio. Luego de eso todos dormimos yo sostenía a mi mejor amigo; le dije que no lo soltaría, así que me quedé despierto. Pero no me quedé solo; el niño ángel me acompañaba, cada vez me encariñaba más con ese ángel.

    Luego de días nos despertaron y nos hicieron caminar hacia una sala. Estaban un demonio y un ángel en el frente, el ángel era nuestro gran héroe de todos, el más admirado. Todos lo veían como si esto solo fuera un acto para niños, pero yo veía como había demonios alrededor y ángeles como si estuviesen unidos. Tenía miedo, pero no quería mostrar a mi mejor amigo. Luego de hablar nos dijeron que nos convertirían en unos héroes, yo tenía un presentimiento de horror; así era: al día siguiente nos inyectaron a todos un suero.

     Cada día disminuíamos y quedábamos menos. Mi amigo ya no resistía, les dije que yo recibiría sus inyecciones y que a él lo curen, luego de días solo quedaban cuatro niños contándome y pocos días después mi amigo y yo éramos los últimos. Me acuerdo ese día: nos llevaron a una sala donde estaban los mismos y nos dijeron: “Solo uno va salir de acá”, el otro tenía que morir. Yo le dije a mi amigo “Mátame rápido y ve a casa”. Él, llorando, me clavó la espada, pero no morí. Entonces les dije “¿Por qué no muero?” y ellos susurraron “Es él,  sí, es él”. Yo con miedo me cortaba, pero no moría y el ángel, uno de mis héroes, me dijo:  “Es cierto, vos no morirás, pero él sí” y cortó la cabeza de mi amigo, dejándome solo mirar el crimen que cometió. Yo me culpé.

     Luego me tiraron y me dijeron que algún día me vendrían a buscar y me matarían, porque me crearon mitad demonio y mitad ángel para hacer más fuertes a los ángeles y demonios con esa sustancia. No se podía, por eso experimentaron conmigo, para que un día me saquen la sangre y lo beban así serían más fuertes y dominarían a todos, pero para que mi sangre fluya más tenía que crecer por eso me dejaron ir. Después de eso no volví a ver al ángel del hueco ni a nadie de arriba.

     Cuando regresé a mi casa nadie me reconocía ni se acordaban de mí, como si nunca hubiera existido; estaba solo y desolado. Lo peor vino después, cuando los ángeles dijeron que yo era un mutante mitad demonio y ángel, que no se acercaran a mí. Así crecí, con odio de los humanos y un juguete de ángeles y demonios por eso viví todo mi vida en un bosque apartado de todos. Me ponía un parche en mi ojo izquierdo así nadie vería mi ojo de demonio y solo verían el del ángel.

    Ahora tengo 22 años. Apostaba que vendrían ya por mí, eso pensaba, pero no vinieron eso me hizo sentir que no servía ni para eso. Cuando iba de regreso a mi casa por el bosque, lo vi. Él estaba ahí sentado en el suelo llorando, pensé alejarme, pero no pude, me acerqué y le dije:  “¿Estás bien?” y él me vio y dijo llorando que le había mordido una serpiente. Yo, sin saber qué hacer, le dije que se quede quieto, que lo curaría. Saqué mis colmillos, succioné el veneno y lo tragué. Le dije: “Listo” y él dijo:  “Sos el chico el mitad demonio y ángel”. Yo le dije “Sí”.  

     El en vez de  huir me abrazó y sonriendo me dijo que si podía salir conmigo, yo no sabía qué decir, estaba sorprendido y le aparté diciéndole que estaba loco, él repitió: “Loco, pero por vos”. Yo me había sonrojado, y le dije: “Me voy, ya estás bien”. Justo cuando me di la vuelta el saltó a mí y dijo: “Te estuve buscando por todas partes”. Yo lo mire y dije: “¿Me conocés?” Él me dijo: “Qué, ¿no te acuerdas de mi? Soy yo el niño ángel, el que te veía del hueco y hablábamos. Soy Ciel.” Yo no lo creía, él era ese ángel que me daba dulces y se quedaba en el hueco oyendo mis historias cuando estaba en la prisión de los experimentos. Estaba tan feliz que lo abracé y me dijo “Ahora me recuerdas, ahora casémonos”. Sí que no había cambiado, le golpeé la cabeza y le dije “¿Vos sabés lo que soy? Ahora soy una abominación”. “Pero sos el Sebastián que conocí en el hueco ¿no?” “Sí, lo soy, pero no.” “Ay, ¡pero me sigues gustando! Quiero seguir escuchando tus historias y hacer historias, no me importa si sos mitad demonio o ángel, lo que me importa es que ahora podremos estar juntos como prometimos”. 

    Tan solo diciendo eso me hizo derramar lágrimas y no resistí, lo besé. Luego de eso fuimos a mi casa. Me contó que me había buscado desde hace tres años por todos los lugares. Yo feliz con tan solo escucharlo. Me hacía sonrojar cada vez que me decía que pidió deseos a las estrellas diciendo que quería encontrarme. Después de eso vivimos juntos y comíamos juntos, estábamos juntos de nuevo como esa vez cuando éramos niños y nos conocimos a través de un hueco. 

     Luego de dos años de felicidad ya se iban a derrumbar porque los humanos se dieron cuenta de que los demonios y ángeles estaban juntos; se enojaron y hubo guerra. Los humanos no sabían más que hacer, ya que no tenían nada ni héroes y yo les dije que los ayudaría. Les conté de lo que me hicieron y ellos llorando dijeron perdón, yo no tenía por qué culparlos no hicieron nada malo, tenían miedo solo eso, les dije que mi sangre era preciada que les haría fuertes a los demonios y ángeles por eso decidí dar un poco de sangre a los humanos del primer batallón y yo ir con ellos a matar a los líderes del clan demonio y ángel. Antes de irme fui a casa a decirle a Ciel que me iba. Él dijo que regrese a salvo, que lo íbamos a esperar y le dije: “¿Estás embarazado? y él dijo: “Sí” y me contó que los ángeles se embarazan sin depender del sexo, que igual serian madres. Yo feliz le dije que lo amaba y que esperase con nuestro hijos; que regresaría. Sabía que si me pasaba algo esta sería mi última despedida así que escribí una carta, la dejé en la mesita de noche y me fui. Hubo muchas batallas, muchos muertos, pero no nos rendimos y matamos al líder de los ángeles. Regresábamos con una victoria. 

   Luego cuando salí del auto lo vi, esperando con otras esposas. Él, el único hombre embarazado, buscándome. Era tan tierno que corrí, lo abracé y le dije: “Regresé”. Él lloró y dijo: “Mira, son gemelas”. Yo, feliz, lo cargué y le dije que estaba feliz.

    Luego de meses a él le faltaba poco para dar a luz a nuestros hijos, pero esa noche misma los demonios atacaron. El rey demonio quería atacar al líder;  fui y protegí al líder, lo saqué de peligro, pero el demonio se estaba convirtiendo en una bomba para explotar en la ciudad. Rápidamente le dije al líder que cuide de mi esposo y mis hijos que lo iba detener con mi propias manos y él dijo que haria eso y que le daría de todo para que estén bien. Le dije: “Hay una carta en mi  mesa de noche, dile que lea eso a mi esposo si no regreso en tres días”. Así me despedí y me fui al reino demonio llevándome con toda mi fuerza al rey demonio. Se habrá oído la explosión en kilómetros. Había destrozado al reino de los demonios, pero estaba débil, pensé que moriría. Soñé con mi esposo, ¿habrá leído la carta que le dejé? Esa carta decía lo mucho que lo amaba y que si moría en la otra vida iría por él. Está vez que yo iba ser el que le buscase y encuentre primero, te amo Ciel.

      Justo después de ese sueño desperté. Estaba en una cama y había una anciana y me preguntó que hacía acá, en las cumbres de los reinos. Le dije que yo era el que destruyó eso, ella alegre dijo: “¡Bien hecho! Yo soy la vieja de los reinos la que controla todo. Justo ya acabé de curarte, pero no podrás volver a caminar, yo le agradecí y le dije que gracias, luego de eso me fui en silla de ruedas hasta la tierra de los humanos.

      Cuando estaba en la entrada me vieron y todos lloraban y decían: “¡Regresó nuestro héroe!”. Luego les dije: ¿Dónde está mi esposo? y me dijeron que estaba en el bosque donde vivo.  Me fui hasta ahí y lo vi, estaba ahí con nuestros hijos sentado en el lugar donde nos encontramos y con el carrito de los bebés y cantando, yo gritando dije: “¡Regresé, esposo!” Él me vio y llorando vino a mí y dijo: “¿Por qué te fuiste? ¿Por qué no me dijiste que regresarías’ ¿Por qué escribiste una carta de despedida? Pensé que nunca más volverías, te extrañé. Yo le dije: “Igual, amor”. Luego de eso me presentó a mis hijos Mateo y Antonela, le dije: “Se parecen a vos, son tan hermosos, te amo.” Luego regresamos a casa y vivimos viendo crecer a nuestros hijos. Hasta el último día estuvo a mi lado y yo con él

     “Te amo, Ciel” “Y yo a vos, Sebastián” ESAS PALABRAS SON LAS ÚLTIMAS QUE DIJIMOS JUNTOS.

 





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