"El robo del cuadro", por Kimu
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“El robo del cuadro”
por Kimu
Hola, soy Julia. Trabajo en un museo muy importante, en él se encuentran muchos cuadros famosos. Me encargo de la limpieza del lugar.
Era otro día más en el que me iba a trabajar junto a Adriana, mi compañera de trabajo que realiza el mismo trabajo que yo. Solemos turnarnos los horarios, porque su madre lamentablemente sufre de un cáncer de mama y le van cambiando los horarios de visita. Andábamos caminando por un pasillo del museo.
- ¿Y cómo está tu mamá? - le pregunté.
- Igual- Me respondió con la cabeza baja.
- Tranquila, se va a curar. Ella es fuerte – le dije poniéndole el brazo en el hombro, hasta que justo llegó nuestra jefa.
- Hola chicas, ¿cómo andan? Miren, les quería avisar que el de seguridad mañana no podrá estar a partir de las 20:00hs, y no hay nadie que lo pueda reemplazar. Así que pensé que ustedes, que ya trabajan acá hace tiempo y les tengo confianza, les podía pagar el doble si se encargan de la limpieza y de la seguridad, aunque no sea su horario, sólo hasta las nueve y cierran. ¿Podrían hacerme el favor sólo por mañana?
Adriana se quedó pensando bastante.
-Que tal, justo mañana tengo una cena familiar y no podré faltar – dije.
-Por mí no hay problema, podré quedarme sola – dijo Adri aun dudando.
-Ay sí, muchas gracias – suspiró.
- No, no hay de qué.
-Total podés adelantar las tareas ahora y a la noche sólo haces de seguridad, ¿dale?
- Dale– replicó.
Le pregunté si estaba segura, porque el museo es muy grande para una sola persona que no sabe cómo actuar en un robo o un ataque. Pero me dijo que no pasaba nada, que nunca hubo un robo y que sería de muy mala suerte que justo esa noche pase algo, además en todo caso llamaba a la policía. Es verdad, nunca pasó nada. Me convenció.
Ya era el día siguiente, eran las ocho de la noche y debía irme. Cuando estaba saliendo me crucé con un joven que quería entrar.
-Disculpe, el museo ya cerró, puede venir mañana que volverá a abrir – le aclaré.
-No, yo solo vine porque una empleada me dijo que su jefa me mandó a arreglar un desperfecto en una pared – me dijo.
-Qué raro a esta hora, espéreme.– Fui a preguntarle a Adriana a ver si era verdad.
Me dijo que sí, que era un amigo de confianza. Que la jefa le preguntó si conocía a alguien que sepa reparar paredes y le dijo que su amigo sabe y lo aceptó. Me puse a pensar, pero sabía que ella no haría nada y que él arreglaría la pared y se iría. Somos súper amigas, no me mentiría, además es verdad que había una pared agujereada, así que lo dejé pasar y me fui.
Al día siguiente volví a trabajar, le pregunté cómo le fue a la noche y me dijo que estuvo muy tranquila. Mientras hablaba con ella un huésped dijo que faltaba una pintura de Dalí, una muy cara. Lógicamente había sido un robo, esas pinturas no se pueden tocar, habíamos acabado de abrir. El robo habría sido por la noche y los únicos que estuvieron fueron Adriana y su amigo.
Se llamó a la policía y se hizo toda una investigación. Todo indicaba que el que lo había robado era su amigo, ya que la pared rota estaba muy cerca de ese cuadro, Adriana estuvo vigilando sólo afuera y se fue después de ella. Le preguntaron a Ariana dónde vivía él, pero ella dijo que justo esa noche se iba a mudar a otro país, pero no sabía cuál. Eran demasiadas pruebas. Encima el museo no contaba con cámaras de seguridad.
Unos días después (la investigación aún seguía) me entero de que la mamá de Adri se había recuperado. Obviamente me alegró, pero el tratamiento era muy caro, y ella no lo llegaba a pagar ni con el doble de su sueldo, a la tarde me junté con ella y le dije cómo hizo para pagarlo, me dijo que había ahorrado, pero la enfermedad era reciente, no iba a ahorrar tanto en tan poco tiempo, la seguí interrogando hasta que se confesó conmigo y me dijo que ella fue la del robo, que estaba desesperada por recuperar la salud de su madre. Resulta que su amigo había sido su cómplice para que él quede como el culpable, y ella vendió el cuadro a un hombre con mucho dinero, pero no se lo vendió tan caro, ya que el precio del cuadro es más que el del tratamiento. Al hombre le interesó la oferta y se lo compró.
Al principio me enojé, pero luego comprendí su desesperación, dije que fuéramos a la casa del hombre y le pidamos su acto de humildad y nos regrese el cuadro, que le explique todo y que entienda, no encontré otra solución más rápida antes de que descubran que era ella.
-Buenas tardes señor, ¿se acuerda de mí?
-Por supuesto, usted me vendió ese cuadro tan hermoso.
-Señor, le pido por favor – Se arrodilló frente a él llorando – Le mentí, le vendí ese cuadro porque mi mamá sufrió de un cáncer de mama, y su tratamiento era demasiado caro, por eso se lo vendí a mitad de precio, yo sólo quería curar a mi mamá – gritaba desconsolada. Le explicó todo lo que había hecho.
-Señorita ¿sabe qué? – dijo muy serio – Robar un cuadro está muy mal y seguro lo sabe. Pero yo estoy muy contento de haber salvado una vida, que vale mucho más que ese cuadro. Yo tengo mucha plata y dono a muchas compañías solidarias.
Entró a su casa, volvió con el cuadro y se lo entregó. Se despidió diciendo “Vaya y cuente todo, la entenderán, y mándele saludos a su madre”.
Llamamos a la policía y Adriana contó todo. La llevaron presa por unos días, pero quedó libre. La despidieron, pero su mamá estaba bien. La abracé y le dije “ya pasó, ya pasó”.
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