"El beso en el callejón" por Jung
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“El beso en el callejón”
por Jung
Hace bastante tiempo había un lugar muy hermoso en el centro de México, era un lugar muy colorido y alegre con una vista perfecta, con unos edificios grandes y con sus escudos de su país; y ver el atardecer sobre el edificio de los coloniales era perfecto.
Dentro de un callejón se podía ver un balcón que estaba muy apegado contra el balcón de la otra casa; en ese callejón vivía una muchacha demasiado hermosa. Su nombre era Carmen, era hija única de un hombre severo y muy arrogante, que no dejaba que ningún hombre se acercara a ella y siempre le mantenía en la casa, mientras ella se ponía triste por no aprovechar su juventud. El padre de Carmen no quería que se junte con los hombres de ese lugar porque los que trabajaban eran mineros y el señor no quería que su hija estuviera con alguno de ellos, él quería que estuviera con un exitoso hombre o un comerciante con bastante dinero.
El señor mandaba a su hija salir solo los domingos para asistir a una misa. Misa es un acto más elevado de toda la iglesia católica y otras denominaciones cristianas. Pero siempre acompañada de su nana llamada doña Virginia, que la cuidaba como si fuera su propia hija. Ese día la muchacha se enamoró de un hermoso y humilde minero llamado Don Luis, eso fue un amor a la primera vista. Siempre se veían en el templo con el permiso de la doña Virginia.
El señor descubrió que su hija salía con un minero y se enojó. Se la llevó y dijo que le iba a enviar a España para casarse con un hombre muy rico para la ayuda del patrimonio de la su familia. Carmen sin remedio tuvo que aceptar para que no hubiera más problemas, desde esa noche estaba llorando y su nana le tranquilizaba diciendo que nunca permitiría que se la llevaran a España.
Don Luis ya sabía en donde vivía. Iba a escondidas hacia el balcón de su amada Carmen y le hacía unas serenatas para que ella quedara profundamente enamorada de él en cada noche, pero aunque hacía eso ellos no soportaban estar separados bastante tiempo. Don Luis vio que el balcón de la otra casa estaba muy apegado con el balcón de Carmen, así que habló con el dueño de la casa si le vendía la habitación con balcón. No fue fácil convencerlo y al final tuvo que pagar bastante dinero de su patrimonio, pero valió la pena para ver a su querida Carmen.
Don Luis tocó el marco de la puerta que guiaba al balcón; cada paso que daba se ponía nervioso y a la vez muy emocionado al ver a Carmen. Ella, sorprendida, vio a Luis, el amor de su vida. Luis agarró a Carmen y le dio un beso para sellar un pacto que duraría por mucho tiempo juntos: la eternidad; y viéndose en cada noche.
Al tiempo el padre sospechó el cambio de emoción repentino de su hija, así que fue a la habitación de Carmen en la noche cuando se fue a dormir, así descubrió que salía al balcón para estar junto con Don Luis en brazos. Con tanta rabia el viejo agarró un cuchillo y se dirigió a la habitación de su hija; Doña Virginia quiso impedir que el padre matara a Carmen para protegerla y que no salga herida pero se jugó la vida. El señor la empujó fuerte contra la pared, luego cayó en las escaleras y así quedándose inconsciente, Virginia dijo: “Aunque mates a tu hija no te llevará a la felicidad” dio un suspiro y lentamente cerró los ojos, quedándose su cuerpo sin vida. Mientras tanto el señor cuando llegó separó a los dos enamorados, dio un puñal en su corazón con el cuchillo a su propia hija, se veía con una mirada vacía y un grito de dolor y cayó en el piso del balcón. Don Luis se sintió muy espantado y la agarró entre sus brazos: se sintió fría, inerte y besó con lágrimas en los ojos como la última vez sus fríos y pálidos labios, después de aquello Don Luis no soportó seguir viviendo y se tiró en la boca del pozo más profundo y así perdió la vida.
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