Estábamos en clases cuando entró el preceptor a dictar una nota, la cual decía:
“Sres. Padres: Se les comunica que los alumnos de 2°2°, 2°3°, 2°4° y 2°5° se quedarán a dormir en el establecimiento para fomentar el compañerismo. Esta actividad se llevará a cabo el día viernes 13/9. Es obligatorio concurrir; si no, se les contará la falta.”
Como todos sabemos, los del turno mañana y los del turno tarde no se llevan muy bien que digamos; pero bueno: a estas alturas del año todos están a punto de quedar libre; era obvio que la gran mayoría iba a venir. A mí la idea no me gusta; porque me da miedo la secundaria de noche; y aún más el cuadro de Dolores; siento que cuando pasás por su lado te observa. Sé que suena loco, pero así lo siento. Por más que quisiera o no tenía que ir, porque estaba a una falta de quedar libre. Además, las chicas me iban a insistir, porque dicen que sin mí es aburrido; no lo creo así, pero iba a ir de todas formas.
Pasó una semana y todos hablando de ese día; lo difícil o el bardo que iba a ser para los profesores y preceptores. Yo pensaba que iba a ocurrir una gran pelea, o que simplemente íbamos a quedar todos distanciados, pero me intrigaba saber por qué querían las autoridades que estuviéramos todos los segundos juntos, ¿tal vez por el campamento? No sé, es lo único que se me ocurrió; no lo pensé mucho porque tenía otras cosas en mente como por ejemplo el cuadro. A cada persona que se lo contaba siento que me tomaba por loca, porque a ellos no les pasaba lo mismo.
¡13 de septiembre! ¿Al fin? Emocionada no estoy debido a que es viernes 13, siento que algo va a pasar, pero tampoco le doy importancia.
Estuvimos todo el día, gran parte de todos los cursos en su lugar. Los profesores se cansaron e hicieron que nos juntemos para inventar un juego. Fue muy idiota de su parte, porque nos distanció más. Se hartaron y se fueron a buscar la comida. Una profe tiró un comentario de “A ver si así se juntan”. Se fueron todos los mayores y quedamos todos mirándonos las caras. Es gracioso porque en una mitad del SUM está el turno tarde y del otro turno mañana.
Los esperamos como por una hora y no volvían los profesores. Como tenía hambre me levanté y dije: “Voy a buscarlos; si alguien quiere, me acompaña”. Esperé un par de minutos y dos chicos de cada turno se levantaron, junto con una chica de cada turno también. En total éramos siete.
Abrimos la puerta sin saber lo que podía pasar. Recorrimos la escuela como por treinta minutos y ni rastros. Aún nos faltaba un lugar, que era casi todo el hall de entrada. Yo no quería entrar ahí porque estaba el cuadro Dolores; pero tenía hambre con una mezcla de miedo tremendo. Entramos y no había nadie, pero los siete coincidimos en que nos sentíamos observados. Por algún motivo nos quedamos ahí; fue bueno, porque nos empezamos a hablar, como que de la nada nos hicimos amigos. En un momento en que nos estábamos riendo muchísimo, se escuchó el ascensor abrirse. Nosotros nos miramos y empezamos a discutir quién salía, hasta que salí yo.
Abrí la puerta y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Cerré la puerta y ahí estaba: el maldito cuadro tirado en el piso, pero sin tener la figura de Dolores Lavalle. El miedo fue tan enorme que no pude contener el grito. Los que estaban en Regencia salieron, pero faltaba Mónica, una de las chicas. Nos asustamos como nunca y salimos a correr hacia el SUM. Abrimos la puerta y no había nadie; esta vez faltaba Víctor, un chico del turno tarde. Ayelén, la única chica que quedaba aparte de mí, empezó a llorar y alterarse. Cada paso que hacíamos faltaba uno, hasta que quedé yo, y ahí ví algo que nunca imaginé: estaba Dolores parada delante mío diciendo: “Sos la última”. No sé como pero corrí hasta la puerta y por algún motivo me desmayé. Abrí mis ojos y Dolores seguía frente a mí repitiendo lo mismo: “Sos la última”. Salí de ahí y me escondí.
Al día siguiente, en las noticias, decían: “Chicos de segundo año desaparecieron junto a sus profesores”. Todas las noches, al dormir, siento a Dolores junto a mí y su susurro al oído… “Sos la última”.
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