Ganadorxs del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro"

 El viernes 1/12, en el acto de fin de curso se entregaron los premios del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro" de la ET N°7. Este año el concurso fue especial, ya que por primera vez implementamos la modalidad presencial con consigna. Lxs participantes tuvieron que optar entre tres comienzos diferentes con sus respectivos finales, y escribir un cuento con ellos. Tras la deliberación del jurado, integrado por lxs profesorxs María Florencia Branda, Daniel Rubinetti, María Cristina López, Karen Torres, María Cristina Nupieri y Alejandro Blas, fueron premiadas las siguientes obras:      En la categoría "Fueguitos" (estudiantes de 1° a 3° año), el primer premio fue para " La nota entre la hija y la madre " escrito por Estrella Rojas, de 3°4° TM. La mención especial fue para  "No todo es rutinario” , el relato de Noemí Roldán, de 1°3° TT.     En categoría "Fuegos" (estudiantes de 4° a 6° año), el primer premio se lo llevó " El adiós ...

"La gran obra", por Facundo V.

La gran obra
por Facundo V.

    Mi nombre es Bruno Ernesto Sabino soy un pintor italiano que participó en la Segunda Guerra Mundial. Tras los hechos de la guerra quedé con un trauma que en un momento me veo en la guerra batallando en contra de los alemanes; esto me causó muchos problemas. En ese momento decidí irme de mi país natal y migré hacia argentina una tierra de oportunidades.
   Bueno pensé que me iba ir bien; pero las cosas no fueron como yo las esperaba. En mi primera semana me fui al llamado “hotel de los inmigrantes”. Allí en mi estadía vi muchas personas del continente antiguo (Europa), me encontré con algunos camaradas de la compañía quienes me contaron que después de la guerra algunos quedaron muy afectados, otros les fue bien enfrentando su nueva realidad, algunos hicieron lo mismo que yo el peregrinaje hacia la América. 
    En esa semana busqué trabajo y no tuve éxito alguno, en ese hotel tuve que crear una obra  para poder sobrevivir la semana y tardé cuatro días en venderla; esa obra me mantuvo por unas dos semanas más para poder vivir. Veía que si no hacía otra obra no iba a poder sobrevivir otra semana, más el problema era que me quedaba sin materiales para poder seguir pintando; me vi obligado a hacer algo que nunca hubiera pensado hacer: el robar; pero las personas que vivían en el hotel era buenas personas en mayoría y no quería dañarlas. En la noche hice el hurto a un hombre viejo, que se veía que les robaba a las personas que pasaban cerca del hotel; nadie se iba a preocupar por un hombre así.
    En la mañana el hombre se levantó gritando a todo lo que le daba el pulmón diciendo “me han robado” y todos se levantaron asustados,  pero cuando vieron de quien se trataba no le dieron importancia. El hombre, enfurecido decidió el irse del hotel y todos tras su partida decían “que era hora de que se vaya del hotel, otras personas decían que gracias a ese hombre no lo podían conseguir trabajo gracias a la mala fama que dejaba al hotel”. Esa noche me sentía de lo mejor; por primera vez en transcurso de que llevaba en el hotel sabía que tenía asegurado poder comprar mis materiales y la alegría de que podría comer  una semana más. Esa semana hice cuatro nuevas pinturas y me compraron tres. 
     Me dieron la oportunidad de trabajar con un mecenas  y eso me dio la oportunidad de dejar el hotel y poder mudarme a un lugar como se debe. Alquilé un departamento en el barrio; luego del paso de los años me hice con una pequeña  fama que se extendía en Buenos Aires, obtuve encargos especiales de gente adinerada y políticos. Esos fueron muy buenos años para mí. Mi fama cada vez se hacía mayor. En ese momento de mi vida pensaba que  era hora de mudarme; el lugar se me estaba haciendo chico para mí, necesitaba un lugar más grande para él seguir pintando y seguir evolucionando mi arte.
    Esa semana después tener ese pensamiento fui a una inmobiliaria para buscar una casa apropiada para mí  y  poder seguir creciendo más. Vi muchas casas durante todo un mes   y empecé perder la esperanza, pero poco tiempo después encontré una casa que cumplía todas mis  expectativas. Estaba cerca de  Parque Patricios y eso me daba ideas nuevas para mis obras. Al final compré la casa ese mismo año. Encontré el amor; una mujer amante del arte, una persona refinada, encantadora, enérgica, tosca, era de la clase de familia adinerada. Pasaron años y nuestra relación se formalizó y al final nos casamos tuvimos un hijo que lo nombramos  Gustavo Silvano Sabino. Lo criamos bien; al final se hizo profesor, da clases en la ex secundaria Dolores Lavalle de Lavalle; yo deje  de hacer obras muy seguido.
     Un día mi hijo me fue a visitar a mi casa y me propuso la idea de crear el cuadro para la escuela. Me dijo que tenía que ser la imagen de la fundadora y me mostró fotos de cuando estaba viva, pero de una edad avanzada. Yo acepté esta  propuesta. Me dijo que me haría ver las instalaciones en la semana, y yo esperé con ansias. Llegado el día, mi hijo me vino a buscar, me presentó la escuela viendo en todo la institución. Luego, tras ver toda la escuela, tenía una idea de cómo retratar a la fundadora y abandone la institución. Ese mismo día empecé con la creación de mi obra. 
    Tras dos semanas de haber empezado me quedé en bloqueado, porque no sabía qué le faltaba a mi obra. Me dispuse a salir para aclarar mi idea. En el atardecer, cuando estaba regresando  a mi casa, vi a un chico parado cerca de mi puerta. Se me hacía raro ver alguien cerca de mi casa, pero decidí entrar. Antes de que entrar  el chico se me acercó; dijo que era alumno de mi hijo y que estaba interesado en ver mi obra. Yo le respondí de qué forma confirmaba lo que decía, él me dijo que llamase a mi hijo y él lo podría confirmar;  él esperaría afuera para no causarme ninguna sospecha. Acepté. Yo llamé y mi hijo lo confirmó; le dije que podía observar y él, emocionado, entró.
    Dentro de mi casa me preguntó si se podía sacar la campera. Yo le dije que sí y que la dejara en el perchero. Cuando se sacaba la campera una cinta alrededor de su brazo me resultó algo familiar, pero decidí que no iba ver. Una sensación de amargura recorrió mi cuerpo y no sabía qué era, pero lo ignoré. Le mostré la pintura y quedó perplejo, dijo “nunca hubiera imaginado algo así en mi vida”;  yo le respondí con una sonrisa. 
     Luego decidí ver qué era eso que me daba curiosidad. Después de eso no recuerdo qué pasó. Vi mis manos ensangrentadas y no sabía el por qué las tenía así. Yo, imaginando lo peor que pudo suceder, con sensación de frío recorriendo mi cuerpo, me di la vuelta. Había sucedido. Lo asesiné sin darme cuenta. Viéndolo tirado en el piso, con sangre derramándose de su estómago, esperando sentir una sensación de culpa, no la sentí. Lo raro es que sentí curiosidad por su sangre; me resultaba atrayente e hipnotizadora. Tuve curiosidad de  mezclarla con la pintura que usaba para el cuadro y dando un color resaltante me decidí el continuar con mi trabajo. “¡Era lo que me faltaba!” decía. Me sentía aliviado de conseguir poder despejar mi bloqueo. Terminando esa misma noche mi gran obra dije en voz alta: “La culminación de mis años de pintor demostrada en este trabajo”. 
    Luego de terminarla vi al chico tirado en el piso, muerto. Me preguntaba cómo deshacerme de él, y se me ocurrió la idea de tirarlo en el lugar de mi llegada a la Argentina, dando a entender que llegué a la cima de la evolución de mi arte.
     Lo levanté decidido y  lo puse en el baúl  de mi coche. Yendo hacia mi lugar de llegada me puse a pensar en los años que había pasado en este país, y dije mientras viajaba hacia mi destino “Fue la mejor elección tuve”. Luego de minutos de viaje, llegué. Sin perder tiempo me bajé del coche y revisé si nadie estaba cerca. “Ni un alma hay por acá” pensé. Antes de tirarlo lo até con todas las cosas que tenía en el baúl para que no flotara y dije “¡Qué ironía volver al lugar adonde pensé que nunca iba a volver”; luego de decir eso lo lancé hacia el río.
    Me sentí feliz  y volví a mi casa. Le avisé a mi hijo que en la semana iba a pasar con la pintura. En la semana se avisó de que se había perdido el chico al que maté, y yo para no levantar sospechas hice todo lo que hacía normalmente. En el día viernes de esa semana llamé a mi hijo para que me ayudara a llevar el cuadro. Él aceptó, pero estaba un poco triste al saber que su alumno estaba desaparecido. Yo creo que el cuadro alegrará un poco su ánimo. Lo llevamos en el auto, en la parte trasera; yo le dije que lo iba a sorprender a él y a la escuela.
    Como era de esperarse de mi gran obra los dejó en estado de shock: todos quedaron cautivados, ignoraron por un momento la desaparición del chico. Sé que esta experiencia obtenida me da otra oportunidad de poder superarme, más solo tendré que buscar nuevas víctimas…esta vez trataré de estar consciente de cuando lo haga… y todavía no descubren al culpable.

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