Ganadorxs del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro"

 El viernes 1/12, en el acto de fin de curso se entregaron los premios del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro" de la ET N°7. Este año el concurso fue especial, ya que por primera vez implementamos la modalidad presencial con consigna. Lxs participantes tuvieron que optar entre tres comienzos diferentes con sus respectivos finales, y escribir un cuento con ellos. Tras la deliberación del jurado, integrado por lxs profesorxs María Florencia Branda, Daniel Rubinetti, María Cristina López, Karen Torres, María Cristina Nupieri y Alejandro Blas, fueron premiadas las siguientes obras:      En la categoría "Fueguitos" (estudiantes de 1° a 3° año), el primer premio fue para " La nota entre la hija y la madre " escrito por Estrella Rojas, de 3°4° TM. La mención especial fue para  "No todo es rutinario” , el relato de Noemí Roldán, de 1°3° TT.     En categoría "Fuegos" (estudiantes de 4° a 6° año), el primer premio se lo llevó " El adiós ...

"El cuadro", por F. S. Garay

El cuadro
por F. S. Garay

      Me replanteaba la idea de entrar a clases. Las vacaciones habían terminado y el receso tranquilo y despreocupado de las últimas dos semanas, me quitaban las ganas de entrar al colegio. Volver a escuchar todo aquel tumulto de voces, con los profesores levantando la voz en un intento de dar la bienvenida era insoportable. Pero para mi suerte (o desgracia) me faltaban dos años para terminar la secundaria y liberarme esto.
     Sin darme cuenta estaba inmóvil frente a la puerta, cuando un profesor me “invitó" a entrar. En el vestíbulo estaban remodelando, lo que me permitía entrar directo a clase sin la tediosa bienvenida diaria de los profesores. Mientras iba subiendo al primer piso me percaté del cuadro de Dolores Lavalle de Lavalle. Estaba posado contra la pared a la vista de todos. Nunca reparé en su postura o su mirada. Se veía cansada. Por alguna razón me generaba tranquilidad. Me acerqué más y más a su cara, cuando una voz me sorprendió. Del susto caí de cabeza sobre el cuadro. El cristal que lo protegía logró partirse un poco. Me recompuse y alguien me ayudó a levantarme. Era mi amigo.
-¿Sos boludo?- Le reproché susurrando. Nadie se paró a mirar la situación.
-Perdón ¿Estás bien?
-Sí, no importa. Vamos antes de que venga un profe.
Subimos hasta el primer piso, callados.
     Las clases transcurrieron tranquilas. Para mi suerte, y la de todos, el profesor de matemática había faltado. Mi amigo me hablaba de algo, pero no le presté mucha atención.    Todavía sigo pensando en el cuadro. Tal vez alguien ya se había dado cuenta.
No me importa mucho eso. Pero su mirada, no puedo sacármela de la cabeza ¿Por qué es tan tranquila? No era normal.
-¡HEY! Te estoy hablando- Mi amigo me miró extrañado -¿Te pasa algo? Se te hizo un chichón ¿Querés llamar al SAME?- Su sonrisa burlona me dejaba saber que no lo decía en serio.
-Sos un boludo ¿Por qué pusieron el cuadro ahí?.
-Lo sacaron del vestíbulo porque están remodelando o haciendo aulas nuevas. No sé.
-Un lugar raro para ponerlo ahí ¿No?- Lo miré a la cara. Un chiste se acercaba.
-¿Por qué te importa tanto? ¿Te gusta la Dolores? ¡Uyy! Picarón- Nos reímos. Me quedé callado un momento y retomé la conversación.
-Su mirada me da tanta tranquilidad que asusta ¿No te pasa?.
-Qué sé yo. Nunca le presté atención ¿Qué fue lo último de Rubado?
-Ahora te lo paso.
     El timbre sonó, ya era hora de irnos. Guardé mis cosas y salí del aula. Cuando iba bajando las escaleras el cuadro seguía ahí. Al parecer otro desgraciado había tropezado porque estaba más roto que antes. No le di mucha importancia y me fui. El día estaba frío y la vuelta a casa fue eterna.
     Apenas llegué me fui a dormir. Estaba cansado y no tenía mucha hambre. Por la noche soñé con ese maldito cuadro. En mis sueños los cristales estallaban y se posaban en todo mi cuerpo, ahogándome y cortando toda mi piel. Al otro día me desperté completamente sudado. Mis muñecas estaban amoratadas. No quise preocupar a mi madre así que me limité a lavarme los dientes, agarrar mis cosas e irme. Cuando llegué al colegio, el cuadro perdía más cristales pero no había rastros de ellos en el suelo. Seguí mi camino a clases. Mi mente solo tenía lugar para una cosa... el cuadro. Su rostro pasó de ser tranquilo a ser una tortura continúa a mi estado mental. No dejaba de pensar en él. Era el simple rostro de una mujer, no había motivos para tener miedo.
     El timbre me sacó de mis desvaríos. El pizarrón estaba lleno y no había copiado nada.
Le pedí a un compañero que me pasara lo que habían hecho y salí del aula apresurado.
No puedo estar un minuto más en este lugar. Traté de bajar las escaleras, pero algo llamó mi atención. El cristal del cuadro ya no estaba. Me quedé un momento inmóvil hasta que vi que la cabeza de la foto se movía y posaba sus ojos en mí. Los pelos de todo el cuerpo se me erizaron, no podía moverme. Todo a mi alrededor se tornó oscuro.Lo único visible era su mirada y su sonrisa que se tornaba macabra. Algo me hizo caer y perdí la conciencia.
      Cuando abrí los ojos ella estaba a mi lado. Me sonreía con malicia, sus ojos estaban clavados en mí. Cada extremidad de mi cuerpo estaba inmóvil. No podía gritar. Solo me limitaba a ver todos esos pies subiendo las escaleras. Sentí un movimiento brusco.
         Alguien me estaba levantando. Era el encargado. Intenté gritar, pero fue en vano. Es imposible hacer nada dentro de este lugar. Él me miró un momento y dijo: “Este cuadro es muy peligroso acá. Alguien podría romperlo y lastimarse”. A su lado había un profesor. Él respondió: “Guárdalo. No queremos que pase una desgracia”. El encargado le hizo caso. El movimiento de sus pasos pude sentirlo hasta llegar a la biblioteca. Me dejó en el piso y se fue. Desesperado intenté gritar una vez más. Fue inútil. Dolores, que estaba a mi lado, me miró y sonrió.



Comentarios

Entradas más populares de este blog

"Dolores Lavalle de Lavalle" por Anónimo

Ganadorxs del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro"

"Enzo y la estrella fugaz" categoría: Fueguitos