Tres días, dos
crímenes, un arresto
Aún recuerdo ese día… el día en que tuve el mejor caso de
mi carrera.
Yo estaba en la comisaría tomando unos mates con compañeros de trabajo,
hacía casi un mes que no pasaba nada interesante. Estaba todo muy
calmado esos días; mis amigos y yo estábamos charlando, riendo,
recordando cosas. Pero el cabo entró muy apurado diciendo:
- ¡Coronel, coronel, mataron a Hernández!
- ¡¿Cómo que lo mataron!? ¿Cuándo?- pregunté. En ese momento tenía muchas dudas.
- ¡Sí capitán, acaban de llamarnos! En cuanto llamaron vine enseguida a avisarle –dijo el cabo Rodríguez, muy exaltado.
- Dile que enseguida vamos. –le contesté.
- Enseguida, capitán.
Salimos muy rápidamente de la jefatura hacia la casa de la víctima. Luego de diez minutos de viaje llegamos y empezamos a
dispersar a la gente que estaba afuera de su casa. Empezamos a hacerle
preguntas a la novia de la víctima.
- ¿Cuándo te enteraste de que murió? ¿Dónde encontraste el cuerpo? – le pregunté.
- Me encontré el cuerpo camino a su trabajo, donde estaba yendo a buscarlo porque ya era muy
tarde. Tenía dos balazos en el cuerpo, uno en el hombro y el otro en la cabeza – respondió la novia de la víctima entre lágrimas.
- Está bien ¿Eso es todo lo que sabe? ¿Alguien con quien haya estado
antes de ir al trabajo? – le pregunté.
- Sí, su hermano, Fernando Hernández, y un amigo, Juan
Romero – contestó.
- Está bien por ahora, le agradezco su cooperación – dije, despidiéndome.
- Terminamos aquí. Vámonos – les dije a mis compañeros mientras entraba en la patrulla.
- ¿Hacia dónde vamos? - me preguntó Rodríguez. No contesté.
- Entendido, capitán – dijo.
En cuanto llegamos a la fábrica empezamos a interrogar a todos los compañeros de trabajo de Hernández.
- Yo interrogo al jefe, tú hazlo con el hermano. – le dije a Rodríguez.
- Está bien coronel, pero ¿y ese tal Juan Romero? – me respondió el cabo.
- A él déjalo para otro momento.
- Entendido – respondió.
Ya interrogando al jefe de la víctima, le pregunté:
- ¿Cómo ha sido el desempeño de Hernández?
- Su rendimiento había estado aumentado mucho, hasta estaba a punto de darle un ascenso; pero acabo de enterarme de que murió. Supongo que tendré que darle el aumento a su hermano o a Romero – dijo el jefe.
- Conque aumento… ¿Qué tipo de aumento? - le volví a preguntar.
- Era muy importante, la gerencia de esta sucursal – dijo.
- Gracias por su cooperación –dije, mientras me retiraba.
En ese momento ya tenía mis teorías de lo que podría estar pasando (mi mente estaba repleta de ideas, hasta me dolía la cabeza), pero decidí que por ese día ya era suficiente.
- Capitán, yo ya terminé mi investigación – me dijo Rodríguez.
- ¿Y qué respondió el hermano? – le pregunté.
- Dijo que ese día iban a ir a un bar él, su hermano y Romero; pero lo cancelaron porque ya estaban muy cansados y querían ir a
su casa cuanto antes. – me contó el cabo.
- Bien, terminamos por hoy. Mañana regresamos.
Mientras tanto, Romero y Hernández estaban preocupados…
- Esos policías son muy molestos, lo bueno que ya se fueron –dijo Romero.
- Deberíamos hacer algo al respecto – respondió Hernández.
- No. No debemos dar ni un paso en falso. Por cierto, yo que tú me empezaría a cuidar las espaldas –dijo Romero mientras que se alejaba lentamente.
Al otro día…
- ¡Capitán, capitán, mataron al hermano de Hernández! – dijo Rodríguez
- Hmmmm… supuse que algo así podría llegar a pasar – le respondí.
-Ya envié a analizar el cadáver de los dos hermanos Hernández, dijeron
que para mañana ya estaría listas las pruebas– dijo el cabo.
- Está bien cabo, puede retirarse, prepare las cosas para mañana. – dije
Al día siguiente
- Capitán, el cuerpo de Hernández tiene las huellas de su hermano y de
Romero. Esto último se repite en los dos cadáveres. – dijo el cabo.
- Está bien este resultado era de esperarse, vamos a buscarlo enseguida – respondí
- Entendido, capitán – dijo Rodríguez
Fuimos a toda velocidad hacia la fábrica. En cuanto llegamos arrestamos a Romero y lo llevamos a
la cárcel, donde confesó todo. Quería convertirse en el gerente de sucursal, él
y Hernández (el hermano de la víctima) estaban tan obsesionados que hasta se mataron entre sí. Después del juicio le dieron de veinte a treinta años de prisión por doble homicidio.
Categoría: Fueguitos
Autor: Anónimo
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