Ojos rojos
La casa
Hoy será mi última
noche, estoy seguro. Ya van varias veces que vengo teniendo esta pesadilla, y
sé que él vendrá por mi tarde o temprano. Sé que él piensa que me sorprenderá o
algo, pero la verdad es que espero con ansias que venga hacia mí.
Todo empezó hace un
año cuando comencé a tener ese tipo de sueños. En ellos veía algo raro, una
criatura toda negra, tanto que parecía una sombra. Tenía unos ojos rojos que brillaban en la oscuridad,
y aunque sus manos eran tan diminutas que parecía no tenerlas, sus brazos eran
largos y sus uñas llegaban hasta el piso. Tenía patas o piernas tan largas que
llegaban al techo de la casa y en su espalda unas especie de alas, pero tan
destrozadas que parecía que ya no sirvieran; como si fuera un ángel caído
del cielo, un ángel desechado que ha hecho algo tan horrible como para
ser sacado de lo que nosotros conocemos como Paraíso.
Yo siempre había había pensado que
esas criaturas eran cosas de la imaginación o simplemente no creía en ellas,
pero aquella cosa horrible y abandonada me hacía pensar todo lo contrario, y
probablemente me llevaría a la locura, porque cada vez lo sentía más y más.
Toco comenzó con
esa pesadilla en la que yo despertaba en un lugar lleno de niebla, donde solo había una cosa: era una casa grande con un patio enorme. Pensé en
aquel entonces que era la casa de mis sueños ya que era lo que me gustaba: un
lugar solitario, tranquilo; simplemente me encantaba el poder tenerla frente a
mí.
En mi sueño empecé
a mirar a los alrededores y me percaté de que tenía ya sus años, con todo el
polvo por el piso, las telas de araña y las hojas decaídas. Cuando miré más
detalladamente me pareció que estaba abandonada, ya que tenía todo cubierto de
maderas, y supuse que simplemente el que vivía en este lugar o bien se
había largado o bien podía estar escondido dentro de ella. Yo simplemente
no lo pensé y quise entrar, pero obviamente estaba cerrada y, suponiendo que
era una casa antigua, decidí revisar los costados de la casa, ya que siempre se suele tener la llave de seguridad, y fue así como tuve suerte. Sobre
la alfombra, delante de la puerta había una llave un poco oxidada, cubierta por
restos de bichos muertos. La tomé con algo de asco, y dudaba sobre si realmente
serviría a pesar de la oxidación y el mal estado en que estaba. Al parecer tuve
suerte: la introduje lo más suave posible por si era frágil y la puerta se
abrió. El viento se silenció; una nueva búsqueda me aguardaba dentro de la
casa. O al menos eso pensé yo.
El
Una vez dentro de
la casa empecé a mirar a los alrededores y, efectivamente, estaba abandonada.
Algunas puertas estaban tapadas o cerradas con maderas, como si alguien hubiera
decidido encerrarse de por vida en esa casa llena de polvo y con olor a viejo.
Había una luz en meio de lo que era
el living, y es lo que me daba algo de visión sobre la misma. También se
filtraba por algunos bordes la luz de afuera, aunque casi nula por la niebla.
Con las
puertas cerradas y tapadas, el único camino que tenía eran las escaleras.
Caminé lentamente, con un silencio tan incómodo y tremendo que podía escuchar
mi propia sangre correr por mi cuerpo. Mientras subía, sentía tremendamente la
necesidad de mirar hacia los costados a cada segundo. Algo me incomodaba de ese
lugar y no sabía lo que era.
En la parte de
arriba había dos puertas: una estaba sellada completamente con madera y la
otra, por suerte, tenía una entrada fácil y sencilla, ya que simplemente estaba
algo trabada; “quizás por los años “, pensé. Pero al entrar, los muebles estaba más limpia que las otras habitaciones; dentro
solo había una silla, un escritorio con últiles para escribir
y un mirador; como si el que viviera allí fuera un astrónomo. En el costado
derecho había otra puerta, pero antes de entrar decidí revisar el lugar donde
yo estaba. Sobre el escritorio había unos papeles. La escritura era algo rara y
apenas entendible, como si fuera algo desgarrado. Con mucha suerte logré leer
lo que parecía ser lo rescatable de aquellas hojas, una sola parte de los
textos que me dejaron incomodado y me produjeron el miedo más grande de mi
vida; unas simples palabras donde decía: “Él vive aquí”. Me quedé helado unos
segundos, temiendo que hubiera algo detrás de mí. Giré lentamente con los ojos
casi cerrándose, pero no encontré nada.
Ya era tarde, y quién
sabe lo que podría ocurrir si volvía. Me armé de voluntad y de valor y decidí
ir a la otra habitación que seguía. En mi mente pensé que sería como la
anterior, con los muebles limpios y sin nada de polvo, pero para mi sorpresa –lo cual me puso más nervioso de lo que estaba- la sala estaba
vacía…con una ventana alumbrándose y en medio de ella, mirándola, había un
hombre… pero quieto, inmóvil. Sentí miedo. Sentía que si me escuchaba o si se
daba vuelta él me seguiría, pero la puerta se cerró con tanta fuerza que creo
que hasta los pájaros que rodeaban la casa salieron volando. El no se inmutaba por nada, seguía mirando la ventana. Con miedo y
temblor en mis manos, casi sin poder dejarlas quietas me acerqué a él y ví que tenía una
llave. Era una sola, por lo que deduje que esa llave abriría la siguiente
habitación. Al entrar, había notado una puerta oculta camuflada en la pared; si
quería ir a ella tendría que conseguir la llave.
Me acerqué y me
puse frente a él, con el miedo en las venas y pensando que capaz no saldría
vivo de allí. Pero todo eso se fue de mi mente cuando al ponerme frente a él vi
que simplemente no tenía reacción; tenía la cara pálida y el rostro decaído,
con arrugas, y sus ojos estaban cerrados. Le hablé; hasta lo tocaba en el
hombro, pero no reaccionaba. Sin saber qué hacer recordé que tenía una llave en su mano, y al poder verlo bien, noté que en su pantalón
llevaba un revólver. Se lo saqué con cuidado y noté que tenía una sola bala;
quién sabe si serviría o no. Pero lo peor fue cuando intenté arrebatarle la
llave.
Apenas segundos despúes de tomar la
llave, sentí como algo rápidamente entraba a la casa y subía las escaleras,
como si de algo sugerente se tratara. A la vez eran rugidos y pisadas tan
fuertes que todo el piso retumbaba, y de pronto estaba con fuerza
entrando a la habitación anterior, como si la puerta estuviera siendo
destrozada. Tanto miedo sentí con aquello que no sabía qué hacer. Aquello que
estaba al otro lado estaba rompiendo la puerta de la habitación donde yo me encontraba.
Tardé segundos en reaccionar y recordé la llave que tenía en mi mano. Me
acerqué a la puerta, la abrí con mis manos temblorosas y mientras lo hacía
sentí como la otra puerta caía al suelo y pedazos de madera volaban por la
habitación. Entré sin dudarlo y la cerré con todas mis fuerzas.
Dentro de la
habitación había muchos muebles. Como si supiera lo que me esperaba
dentro de la casa, decidí usarlos todos para tapar la habitación: sillas,
mesas, muebles de adornos para apoyar botellas de vino; todo lo que tenía
a mi alrededor lo puse en la puerta para taparla, y me quedé acostado en
una esquina mientras la poca luz de una ventana sellada con madera me
alumbraba. Mientras hacía todo eso escuchaba cómo esa cosa rompía poco a poco
la puerta para darse paso, y pensaba en qué me haría. Recordé la carta y pensé
si aquello que ahora venía por mí sería “él”.“Capaz yo debería
escribir una carta” pensé, pero ya no había tiempo: pude ver su rostro
asomándose entre los muebles que rompía, esos ojos rojos brillantes que me
enceguecieron.
Cuando desperté del
sueño era de mañana. Yo pensaba que la pesadilla había terminado, que estaba a
salvo y que simplemente mi mente había querido darme un susto. Eso fue lo
que inocentemente pensé hasta que noté que tenía en mi mano la hoja destrozada
con las mismas palabras: “Él vive aquí”. Sentí que mi corazón se paraba. Luego
pasé un buen rato paseando por mi habitación…por la casa…. Por las afueras de mi casa. Entonces me di
cuenta de que era exactamente la misma casa… la diferencia eran los años. Me di
cuenta y deduzco ahora que lo que soñé fue como un viaje al pasado, antes de
que esa casa fuera remodelada y alrededor se llenara de personas, animales,
coches y casas.
Final
Cada día empecé a
tener pesadillas en esa casa, en ese mismo lugar. Entre más soñaba, más loco me
volvía, más paranormal se volvía todo. Cada sueño que tenía esa maldita
criatura me perseguía por distintos lugares de la casa, hasta por el patio, haciendo que al despertar me pusiera muy
loco, que hiciera ruido y golpeara las paredes como pidiendo ayuda, porque
realmente la necesitaba. Aunque no lo parezca, tengo miedo de que los vecinos
se den cuenta. Pero ya lo saben, y saben que en algún momento me echarán.
Cada noche, antes
de dormir, siento que él me observa y que será así hasta el fin de mis días, ya
que hasta hace no mucho tuve mi último sueño en mi cama. Soñé lo mismo que la primera vez, la diferencia es
que esta vez, al llegar al final del sueño no desperté cuando Él entraba, sino
que siguió… Se acercó lentamente hacia mí, mirándome fijamente a los ojos y con
una voz tenebrosa, gruesa, amarga como si fuera la de un viejo, pero con las
cuerdas vocales aun con fuerza me dijo: “Estarás viviendo conmigo hasta el final de tus días como aquel
sujeto, cuando ya no me sirvas y ya no tenga sentido tenerte aquí, terminarás
como él y esperaré a que alguien más viva en aquella casa donde tu solías
vivir.”
No lo comprendí lo
que me había dicho hasta que desperté en una habitación, solo, amordazado y
agitado, con una sola ventanilla que mostraba el cielo nocturno. Me di cuenta
que al parecer mi locura había ido tan lejos que probablemente de alguna manera
u otra me encerraron y me metieron aquí, hasta que se me pasen las pesadillas.
Pero sé que no terminará, sé que no será así, y probablemente voy a pasar todos
los días de mi vida en esta habitación, porque en la ventanilla de la puerta,
con la oscuridad de la sala al exterior, sus ojos brillan y me miran a través
de ella
Categoría: Fuegos
Autor: Lucio Skaner
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