Ganadorxs del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro"

 El viernes 1/12, en el acto de fin de curso se entregaron los premios del VIII Concurso Literario "Roberto Santoro" de la ET N°7. Este año el concurso fue especial, ya que por primera vez implementamos la modalidad presencial con consigna. Lxs participantes tuvieron que optar entre tres comienzos diferentes con sus respectivos finales, y escribir un cuento con ellos. Tras la deliberación del jurado, integrado por lxs profesorxs María Florencia Branda, Daniel Rubinetti, María Cristina López, Karen Torres, María Cristina Nupieri y Alejandro Blas, fueron premiadas las siguientes obras:      En la categoría "Fueguitos" (estudiantes de 1° a 3° año), el primer premio fue para " La nota entre la hija y la madre " escrito por Estrella Rojas, de 3°4° TM. La mención especial fue para  "No todo es rutinario” , el relato de Noemí Roldán, de 1°3° TT.     En categoría "Fuegos" (estudiantes de 4° a 6° año), el primer premio se lo llevó " El adiós ...

"Ojos rojos" Categoría: Fuegos


Ojos rojos

La casa 
Hoy será mi última noche, estoy seguro. Ya van varias veces que vengo teniendo esta pesadilla, y sé que él vendrá por mi tarde o temprano. Sé que él piensa que me sorprenderá o algo, pero la verdad es que espero con ansias que venga hacia mí.  
Todo empezó hace un año cuando comencé a tener ese tipo de sueños. En ellos veía algo raro, una criatura toda negra, tanto que parecía una sombra. Tenía unos ojos rojos que brillaban en la oscuridad, y aunque sus manos eran tan diminutas que parecía no tenerlas, sus brazos eran largos y sus uñas llegaban hasta el piso. Tenía patas o piernas tan largas que llegaban al techo de la casa y en su espalda unas especie de alas, pero tan destrozadas que parecía que ya no sirvieran; como si fuera un ángel caído del  cielo, un ángel desechado que ha hecho algo tan horrible como para ser sacado de lo que nosotros conocemos como Paraíso.  
Yo siempre había había pensado que esas criaturas eran cosas de la imaginación o simplemente no creía en ellas, pero aquella cosa horrible y abandonada me hacía pensar todo lo contrario, y probablemente me llevaría a la locura, porque cada vez lo sentía más y más.  
Toco comenzó con esa pesadilla en la que yo despertaba en un lugar lleno de niebla, donde solo había una cosa: era una casa grande con un patio enorme. Pensé en aquel entonces que era la casa de mis sueños ya que era lo que me gustaba: un lugar solitario, tranquilo; simplemente me encantaba el poder tenerla frente a mí.  
En mi sueño empecé a mirar a los alrededores y me percaté de que tenía ya sus años, con todo el polvo por el piso, las telas de araña y las hojas decaídas. Cuando miré más detalladamente me pareció que estaba abandonada, ya que tenía todo cubierto de maderas, y supuse que simplemente  el que vivía en este lugar o bien se había largado o bien podía estar escondido dentro de ella.  Yo simplemente no lo pensé y quise entrar, pero obviamente estaba cerrada y, suponiendo que era una casa antigua, decidí revisar los costados de la casa, ya que siempre se suele tener la llave de seguridad, y fue así como tuve suerte. Sobre la alfombra, delante de la puerta había una llave un poco oxidada, cubierta por restos de bichos muertos. La tomé con algo de asco, y dudaba sobre si realmente serviría a pesar de la oxidación y el mal estado en que estaba. Al parecer tuve suerte: la introduje lo más suave posible por si era frágil y la puerta se abrió. El viento se silenció; una nueva búsqueda me aguardaba dentro de la casa. O al menos eso pensé yo.  

El 
Una vez dentro de la casa empecé a mirar a los alrededores y, efectivamente, estaba abandonada. Algunas puertas estaban tapadas o cerradas con maderas, como si alguien hubiera decidido encerrarse de por vida en esa casa llena de polvo y con olor a viejo. Había una luz en meio de lo que era el living, y es lo que me daba algo de visión sobre la misma. También se filtraba por algunos bordes la luz de afuera, aunque casi nula por la niebla. 
 Con las puertas cerradas y tapadas, el único camino que tenía eran las escaleras. Caminé lentamente, con un silencio tan incómodo y tremendo que podía escuchar mi propia sangre correr por mi cuerpo. Mientras subía, sentía tremendamente la necesidad de mirar hacia los costados a cada segundo. Algo me incomodaba de ese lugar y no sabía lo que era.  
En la parte de arriba había dos puertas: una estaba sellada completamente con madera y la otra, por suerte, tenía una entrada fácil y sencilla, ya que simplemente estaba algo trabada; “quizás por los años “, pensé. Pero al entrar, los muebles estaba más limpia que las otras habitaciones; dentro solo había una silla, un escritorio con últiles para escribir y un mirador; como si el que viviera allí fuera un astrónomo. En el costado derecho había otra puerta, pero antes de entrar decidí revisar el lugar donde yo estaba. Sobre el escritorio había unos papeles. La escritura era algo rara y apenas entendible, como si fuera algo desgarrado. Con mucha suerte logré leer lo que parecía ser lo rescatable de aquellas hojas, una sola parte de los textos que me dejaron incomodado y me produjeron el miedo más grande de mi vida; unas simples palabras donde decía: “Él vive aquí”. Me quedé helado unos segundos, temiendo que hubiera algo detrás de mí. Giré lentamente con los ojos casi cerrándose, pero no encontré nada.  
Ya era tarde, y quién sabe lo que podría ocurrir si volvía. Me armé de voluntad y de valor y decidí ir a la otra habitación que seguía. En mi mente pensé que sería como la anterior, con los muebles limpios y sin nada de polvo, pero para mi sorpresa –lo cual me puso más nervioso de lo que estaba- la sala estaba vacía…con una ventana alumbrándose y en medio de ella, mirándola, había un hombre… pero quieto, inmóvil. Sentí miedo. Sentía que si me escuchaba o si se daba vuelta él me seguiría, pero la puerta se cerró con tanta fuerza que creo que hasta los pájaros que rodeaban la casa salieron volando. El no se inmutaba por nada, seguía mirando la ventana. Con miedo y temblor en mis manos, casi sin poder dejarlas quietas me acerqué a él y  que tenía una llave. Era una sola, por lo que deduje que esa llave abriría la siguiente habitación. Al entrar, había notado una puerta oculta camuflada en la pared; si quería ir a ella tendría que conseguir la llave.  
Me acerqué y me puse frente a él, con el miedo en las venas y pensando que capaz no saldría vivo de allí. Pero todo eso se fue de mi mente cuando al ponerme frente a él vi que simplemente no tenía reacción; tenía la cara pálida y el rostro decaído, con arrugas, y sus ojos estaban cerrados. Le hablé; hasta lo tocaba en el hombro, pero no reaccionaba. Sin saber qué hacer recordé que tenía una llave en su mano, y al poder verlo bien, noté que en su pantalón llevaba un revólver. Se lo saqué con cuidado y noté que tenía una sola bala; quién sabe si serviría o no. Pero lo peor fue cuando intenté arrebatarle la llave.  
Apenas segundos despúes de tomar la llave, sentí como algo rápidamente entraba a la casa y subía las escaleras, como si de algo sugerente se tratara. A la vez eran rugidos y pisadas tan fuertes que todo el piso retumbaba, y de pronto estaba con fuerza entrando a la habitación anterior, como si la puerta estuviera siendo destrozada. Tanto miedo sentí con aquello que no sabía qué hacer. Aquello que estaba al otro lado estaba rompiendo la puerta de la habitación donde yo me encontraba. Tardé segundos en reaccionar y recordé la llave que tenía en mi mano. Me acerqué a la puerta, la abrí con mis manos temblorosas y mientras lo hacía sentí como la otra puerta caía al suelo y pedazos de madera volaban por la habitación. Entré sin dudarlo y la cerré con todas mis fuerzas.  
Dentro de la habitación había muchos muebles. Como si supiera lo que me esperaba dentro de la casa, decidí usarlos todos para tapar la habitación: sillas, mesas, muebles de adornos para apoyar  botellas de vino; todo lo que tenía a mi alrededor lo puse  en la puerta para taparla, y me quedé acostado en una esquina  mientras la poca luz de una ventana sellada con madera me alumbraba. Mientras hacía todo eso escuchaba cómo esa cosa rompía poco a poco la puerta para darse paso, y pensaba en qué me haría. Recordé la carta y pensé si aquello que ahora venía por mí sería “él”.“Capaz yo debería escribir una carta” pensé, pero ya no había tiempo: pude ver su rostro asomándose entre los muebles que rompía, esos ojos rojos brillantes que me enceguecieron. 
Cuando desperté del sueño era de mañana. Yo pensaba que la pesadilla había terminado, que estaba a salvo y que simplemente mi mente había querido darme un susto.  Eso fue lo que inocentemente pensé hasta que noté que tenía en mi mano la hoja destrozada con las mismas palabras: “Él vive aquí”. Sentí que mi corazón se paraba. Luego pasé un buen rato paseando por mi habitación…por la casa…. Por las afueras de mi casa. Entonces me di cuenta de que era exactamente la misma casa… la diferencia eran los años. Me di cuenta y deduzco ahora que lo que soñé fue como un viaje al pasado, antes de que esa casa fuera remodelada y alrededor se llenara de personas, animales, coches y casas. 

Final 
Cada día empecé a tener pesadillas en esa casa, en ese mismo lugar. Entre más soñaba, más loco me volvía, más paranormal se volvía todo. Cada sueño que tenía esa maldita criatura me perseguía por distintos lugares de la casa, hasta por el patio, haciendo que al despertar me pusiera muy loco, que hiciera ruido y golpeara las paredes como pidiendo ayuda, porque realmente la necesitaba. Aunque no lo parezca, tengo miedo de que los vecinos se den cuenta.  Pero ya lo saben, y saben que en algún momento me echarán.  
Cada noche, antes de dormir, siento que él me observa y que será así hasta el fin de mis días, ya que hasta hace no mucho tuve mi último sueño en mi cama. Soñé lo mismo que la primera vez, la diferencia es que esta vez, al llegar al final del sueño no desperté cuando Él entraba, sino que siguió… Se acercó lentamente hacia mí, mirándome fijamente a los ojos y con una voz tenebrosa, gruesa, amarga como si fuera la de un viejo, pero con las cuerdas vocales aun con fuerza me dijo: “Estarás viviendo conmigo hasta el final de tus días como aquel sujeto, cuando ya no me sirvas y ya no tenga sentido tenerte aquí, terminarás como él y esperaré a que alguien más viva en aquella casa donde tu solías vivir.” 
No lo comprendí lo que me había dicho hasta que desperté en una habitación, solo, amordazado y agitado, con una sola ventanilla que mostraba el cielo nocturno. Me di cuenta que al parecer mi locura había ido tan lejos que probablemente de alguna manera u otra me encerraron y me metieron aquí, hasta que se me pasen las pesadillas. Pero sé que no terminará, sé que no será así, y probablemente voy a pasar todos los días de mi vida en esta habitación, porque en la ventanilla de la puerta, con la oscuridad de la sala al exterior, sus ojos brillan y me miran a través de ella

Categoría: Fuegos
Autor: Lucio Skaner

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