Las
palabras que nunca dije
Ya estaba
comenzando segundo, las amistades que había logrado conseguir no eran las
mejores pero conseguir mi propio grupo de amigos era algo muy importante para
mí. Mis mejores amigos resaltaban entre
los demás uno se llamaba Julián, un chico despreocupado, siempre a la moda y
muy amigable, él era el galán del grupo; el otro se llamaba Pablo o Pablito
para los amigos: era un enano regordete que se prendía a todo, siempre con una
sonrisa de boludo y con una actitud y
chistes que siempre te hacían reír. Esos dos eran mis mejores amigos. Me
gustaba creer que yo era el inteligente.
En el primer día
todo fue normal, éramos el grupo y yo divirtiéndonos y a los demás compañeros
no les presté ni la menor atención. Pasado el primer trimestre empecé a notar
cada vez más a los demás compañeros, en especial a alguien que llamó en particular mi
atención. Era una chica que logró superarme en mi promedio y para alguien como
yo, que me consideraba como el más inteligente, fue un golpe duro a la poca
autoestima que tenía. Para mí esa chica de pelo negro se trasformó en una
especie de rival de la noche a la mañana. Mientras veía a esta chica durante
las clases para descubrir el por qué me había logrado superar, o qué era lo que
la hacia mejor en lo único en lo que me consideraba bueno, empecé a notar cada
vez más sus expresiones que antes, ante
mis ojos, no eran nada más que una cara seria . Si me pongo pensar en eso creo
que a partir de acá me empezó a gustar. Sus expresiones eran leves y muy poca
veces sonreía; su cara de preocupación cuando no entendía algo, cómo miraba al
techo con unos ojos que parecían buscar la respuesta, su leve sonrisa cuando
lograba entender lo que antes le parecía difícil, la cara de satisfacción
cuando algo le salía bien y por último su cara seria y concentrada. Desde que
entendí cómo se comportaba, dejó de ser una investigación de por qué me
superaba, sino que todo cambió para convertirse en la misión de poder. Ella era
una persona solitaria y no mostraba
mucho sus gustos, lo único que hacia era leer y los libros no son mi fuerte.
Pensé en ayudarle en lo que para ella era difícil de comprender de las
materias, pero era inútil, no tenía
problemas en ninguna materia. Luego pensé en escribirle lo que sentía en una carta como en las películas, pero mi
temor a ser rechazado me supero y la carta quedó en una caja.
Pasamos a
tercero, en esa época ya todo había cambiado, fuimos separados en dos diferentes cursos, estoy seguro que
fui el único de los dos en notarlo. Pensé que tal vez si yo mejoraba como
persona ella por lo menos me notaría y así podría hablarle. Mi idea de mejor
persona era la más ambigua que existía y entonces empecé a entrenar para
mejorar mi cuerpo, empecé a estudiar para ser más listo pero nada funcionó.
Cuando me di cuenta ya había cambiado pero no lo suficiente. Al mismo tiempo mis
amigos también cambiaron, cada uno de nosotros se fue separando con el tiempo.
Pero lo que yo sentía por esa chica fue lo único que no cambió. Las amistades perdidas y las nuevas
conseguidas fueron recuerdos que me empezaban a causar temor de perder todo lo
que tenia.
Ya pasaron dos
años y ambos llegamos a cuarto, pero la carta sigue ahí y el hablar con ella al
pasar los años no lo hace mas fácil que cuando empezó todo. Hace dos semanas
decidí dejar de tener miedo y entregar mi carta, pero ya no expresa lo que
siento, ya que ahora mis sentimientos son más fuertes , así que empecé a
reescribir la carta de un modo que aunque me rechazara le deje algo para que me
recuerde. El concurso de cuentos que se organiza cada año me dio la idea de
cómo entregar mi carta, y con el pasar de los días ésta dejó de ser una carta y
se trasformó en un cuento de amor, al
que podré leer al ganar el concurso y
así expresar lo que sentí por durante
dos años y más que nada expresárselo a ella.
En ese momento,
me pararé frente a todos y por ese breve
momento tendré su atención, empezaré a leer cada palabra de esta carta
disfrazada de cuento. La mayoría me verá con ojos sin interés mientras en cada
letra mencionada expreso la historia de lo que sentí por dos años y al decir las
palabras tan simples como un "te quiero", mis ojos verán directamente
los de ella y así sabré que esta carta cumplió su objetivo; aunque no tenga
respuesta, yo sabré en ese momento que por lo menos logré expresar esto.
Categoría: Fuegos
Autor: Anónimo
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